“Inseguridad” y “guerra social”. ¿Quién es el enemigo?

 de est

Hace año y medio, en febrero de 2014, desde Barricada! organizamos la primera de un ciclo de charlas denominadas “De esto sí se habla”, dedicándola al tema de la “inseguridad” y las políticas actuales al respecto. Hoy, cuando la lógica que nos proponíamos cuestionar en ese entonces ha dado un salto, con la llamada “Operación de Liberación del Pueblo” (OLP), transcribimos lo que fue la exposición inicial de esa charla, a cargo del compañero Ángel Arias, sociólogo y dirigente de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS).

* * *

Buenas tardes compañeros y compañeras. Nosotros no vamos a entrarle a este tema discutiendo si las situaciones de robos, asesinatos, a las que normalmente se alude como “inseguridad”, son exageradas o no por los medios, si son o no mayores que antes, etc. Existen y son un problema social, una realidad palpable. Lo que nos proponemos es mostrar que el tratamiento de esta cuestión tiene un carácter de clase, que las lógicas, maneras y políticas de abordarlo, no obedecen a los intereses humanos en general, a los de “la sociedad” toda, sino al sostenimiento de un orden social donde unos (pocos) ganan, y otros (muchos) pierden, a valores, prejuicios, ocultamientos y estigmatizaciones propios de la sociedad burguesa.

Queremos abrir la discusión entre la juventud y la clase trabajadora, y en especial entre quienes se reivindican de izquierda, críticos de la sociedad capitalista, sobre que en la actualidad del debate nacional y las políticas que se plantean, no hay una sola voz que exprese las perspectivas e intereses de las clases explotadas y empobrecidas, ninguna posición  anticapitalista sobre el tema, sino que su tratamiento apunta más bien a un bloque común entre las fuerzas del gobierno, de la oposición, de la empresa privada y la cúpula de la iglesia católica, que cimentan un consenso social reaccionario para aumentar más los niveles de represión social de clase, de coacción y control social por parte del aparato policial, judicial y político al servicio del sostenimiento de una sociedad basada en la explotación y la opresión de muchos y muchas, por unos pocos y pocas.

Nos proponemos poner en discusión sentidos comunes, supuestos aceptados como normales, para una comprensión y posicionamiento sobre el tema completamente distinto a como nos lo vende el pensamiento hegemónico burgués.

* * * 

Hace un par de años en un artículo del periódico En clave obrera, escribíamos:

La sociedad y la ciudad convertidas en un campo de guerra. A pesar de que no hay una guerra en el país, el despliegue del aparataje militar y policial es grande en todas las principales ciudades. Decenas de miles de efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) con pistolas automáticas o fusil en mano en avenidas, plazas, entradas de los más variados locales comerciales, calles de acceso a los barrios, a los que se le suman los de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y las respectivas policías regionales y locales. Adicionalmente, crece a pasos gigantes el negocio privado de la seguridad que, según los propios empresarios del ramo, ha hecho aumentar la demanda de equipos de seguridad en un 90% en los últimos cinco años y reporta anualmente más de 1.000 millones de dólares, al punto que empresas de países como Alemania e Inglaterra se interesan por “penetrar en este rentable mercado venezolano”[1].

Hace pocas semanas, Maduro habló textualmente de una “guerra social”, para referirse a la cuestión de la inseguridad y su plan de “pacificación”. Una guerra social. Pero no vayamos a pecar de incautos pensando que el presidente –como “revolucionario”, “anticapitalista” y “socialista”–, está hablando de la lucha de clases, de la guerra velada, y a veces abierta, que enfrenta a explotados y explotadores, a opresores y oprimidos. No; nos desayunamos con que la guerra social es del Estado (burgués, por supuesto, como reconoce el mismo gobierno) y de “la sociedad toda”, contra algunos descarrillados.

¿Quién es pues el enemigo en esta guerra? ¿A quién enfrenta todo este aparataje armado estatal, de los capitalistas privados, las campañas publicitarias y el discurso oficial?

 

Como seguía el artículo:

Para nadie es un secreto que quienes pagan los mayores saldos represivos y trágicos de las políticas llamadas de “seguridad ciudadana” son los sectores más explotados y pobres del país. Donde viven mayoritariamente los obreros y obreras, el buhonero, la mujer que limpia en casa ajena, [el chamo que lava carros,] es donde se descargan las redadas, el gatillo alegre, ajusticiamientos [policiales], ensañamientos por problemas personales con policías, asesinatos por balas perdidas, etc. También es de allí de donde sale la inmensa mayoría de quienes pueblan las cárceles[2].

Desde la humillación del “pégate pa’ llá… ¡levanta las manos!… saca todo lo que tengas en los bolsillos”, el que te paren y te hagan sacar todo lo que lleves en el bolso, que te quites los zapatos y las medias si es necesario, en plena calle o plaza; hasta –como leímos en un interesante artículo hace poco­– el salir reseñado sin camisa, esposado, encapuchado y bajando la cabeza ante las cámaras de televisión… ¡todo eso está naturalizado por la sociedad burguesa que ocurra sobre todo a la gente del barrio!, ¡jamás a la clase media acomodada, mucho menos, por supuesto, a los de la clase capitalista y los ricos!

Las familias obreras y más pobres del país ponen el grueso de los reprimidos, los muertos y los presos en esta cruzada por la “seguridad ciudadana”. Pero si todos somos ciudadanos, ¿de dónde sale entonces ese “enemigo interno” al que “la sociedad” debe combatir? ¡Resulta que esa clase de personas “antisociales” que supuestamente hay que combatir vienen precisamente en su gran mayoría de los estratos más explotados y depauperados de la sociedad! ¿Será entonces que es un problema “cultural” de los pobres y “la sociedad” debe “defenderse” de estos?

A pesar de las diferencias en los discursos y las poses, es así como se expresa en la realidad la política de “seguridad ciudadana” de todos los partidos políticos burgueses (tanto los del gobierno como los de la oposición): inculcan entre los trabajadores y el pueblo pobre que nuestro enemigo social son las personas más depauperadas o descompuestas de nuestra propia clase. Quieren convencernos de que está bien y es lógico que el chamo del barrio sea el sospechoso solo por su color de piel o por su pinta, que el nieto de la señora de la bodega sea el que se muera o se pudra en la cárcel, que el hermano de la joven obrera de un ministerio caiga asesinado por el CICPC, que el hijo del obrero de una fábrica de colchones muera en un “ajuste de cuentas” [real o supuesto], porque esos, los que son hijos también del pueblo explotado y pobre, esos se supone que son los que debemos asumir como los enemigos de nuestra “paz” y “tranquilidad”[3].

¡Tenemos que hablar entonces más seriamente de delitos y delincuencia social!

Tenemos que hablar del capitalismo. Porque nadie que quiera abordar la cuestión con seriedad puede obviar la realidad de la sociedad en la cual se vive y se producen los “delitos”. Y pues resulta que la organización de la sociedad sobre la base de la propiedad privada capitalista es la mayor expresión moderna de un gigantesco robo social sistemático y continuado. No solo el robo inicial de cuando inició la primera acumulación capitalista (aquella que Marx describe y define como “inscrita en los anales de la historia con trazos indelebles de sangre y fuego”, tanto al interior de Europa como en el saqueo de las colonias), sino el que cotidiana y diariamente se hace del esfuerzo social colectivo: en este sistema social en que vivimos, una pequeña minoría, los propietarios capitalistas, se adueña de los productos del trabajo social, del esfuerzocolectivo de millones de trabajadores y trabajadoras, pues se lo queda como propiedad privada –además de robar al conjunto de consumidores mediante la especulación. Las riquezas de la sociedad le son expropiadas por un puñado que compone la clase capitalista. Podríamos decir queel capitalismo consiste en una serie de robos y delitos legalizados y naturalizados a los que no se llama robo ni delito.

 

Por si acaso alguien piense que esto que señalamos se trata de “pura ideología”, veamos brevemente algunas pocas cifras:

Según el propio Banco Mundial –que obviamente no puede ser sospechoso de “ideológicamente anticapitalista”–, actualmente en el mundo  400 millones de niños y niñas viven en pobreza extrema, un tercio del total de 1.200 millones de personas que viven en pobreza extrema[4]. Esto al tiempo que –de acuerdo con el PNUD– el 1% más rico de la población mundial posee alrededor del 40% de todos los bienes, mientras que la mitad con menos recursos posee apenas el 1%[5]. 85 individuos acumulan tanta riqueza como los 3.570 millones de personas que forman esa mitad más pobre de la población mundial. La mitad de la riqueza está en manos de apenas el 1% de todo el mundo[6].

Mientras la capacidad de la producción mundial de alimentos da para satisfacer las necesidades de varias veces la población mundial, el interés de ganancia capitalista lleva a que 842 millones de personas en el mundo pasen hambre, “aquejados de hambre crónica”, según la definición de la FAO, que unos 200 millones de niños sufran malnutrición, que haya 300 millones de niños en el mundo que, faltos de las proteínas y calorías necesarias, no tendrán un desarrollo normal, que cada año casi 11 millones de menores de 5 años mueren como consecuencia directa o indirecta del hambre y la alimentación inadecuada o insuficiente.

¡El robo es gigantesco! Y si vemos cómo las clases dominantes y sus políticos hablan de la delincuencia y delito comunes como “falta de valores”, “pérdida del valor de la vida”, salta a luz la descomunal hipocresía, pues podríamos decir que ¡es espeluznante la “crisis de valores” de la clase que domina y gobierna el destino de nuestras vidas!, ¿no?

Un rápido flash a la especificidad de América Latina y el Caribe muestra que:

164 millones de personas sobreviven en situación de pobreza, de los cuales 66 millones en pobreza extrema[7]; que el 40,5% de los niños, niñas y adolescentes son pobres, sea en forma moderada o extrema, es decir, 70,5 millones de personas menores de 18 años, 16,3% de ese total se encuentra en situación de pobreza extrema: uno de cada seis es extremadamente pobre y este flagelo afecta a más de 28,3 millones de menores[8]. Es que el quintil más pobre –o sea, el 20% más pobre de la población– capta en promedio un 5% de los ingresos totales, mientras que el 20% más rico se queda con el 47%[9], la mitad prácticamente.

Pero hablemos de Venezuela, podría decir alguien. Hablemos de nuestro país, donde

Según las propias cifras oficiales (Instituto Nacional de Estadísticas) hay más de 1,8 millones de hogares pobres (el 27% de los hogares), de donde proviene el 32% de la población, casi medio millón de hogares (7% del total) están en pobreza extrema, son 2,5 millones de personas que viven en hogares cuyo ingreso por persona es inferior al valor de la canasta de alimentos por persona. Cuando la medición oficial habla de pobreza crónica, es decir, aquellos hogares que no tienen cubiertas todas las necesidades elementales y además tienen un ingreso per cápita inferior a la canasta de alimentos per cápita, 750 mil hogares califican allí (el 11% de los hogares). Esto ocurre al mismo tiempo que siguen en pie las propiedades y ganancias de empresarios y banqueros, tanto nacionales como extranjeros, llevando los ricos y la clase media alta una vida ostentosa. Un pequeño dato: las rentabilidad de la banca nacional en 2013 fue de 57,7%, 4,7 puntos más que la registrada a diciembre de 2012.

Después de casi década y media de supuesta “revolución”

el 20% más rico de la población se queda con el 45% del ingreso nacional, mientras al 20% más pobre le toca un mísero 6%. Si agrupamos al 40% de menos ingresos, suma apenas un 18% del ingreso nacional. Si abarcamos más, alcanzando al 60% de la población con menos ingresos, alcanzan solo un 34% del ingreso nacional. Es decir, mientras 5,6 millones de personas (el 20% más rico) disfrutan casi la mitad del ingreso nacional, otras 16,8 millones (el 60% de menores ingresos) deben repartirse apenas un tercio del ingreso. Si revisamos más específicamente la relación entre capital y trabajo, encontramos que para 2011, del total del Producto Interno Bruto (PIB) un 61% lo constituían las ganancias patronales y las rentas de los propietarios, mientras las remuneraciones a los asalariados solo constituían un 29% .

Ahora bien, ¿puede alguien pensar que esta realidad no tiene que ver con la delincuencia común –de la única que normalmente se habla cuando se habla de “inseguridad”?

Además, reconociendo la realidad de la sociedad en la que vivimos –que no ha sido ni será eterna­– ¿no debemos preguntarnos, “políticas de seguridad” para cuál orden social? ¿Acaso las políticas de “seguridad” que nos venden son para la seguridad personal y colectiva en una sociedad igualitaria y justa, donde todos disfrutemos las riquezas que todos generamos y sea condenable que alguien robe? No, son políticas de “seguridad” para la sociedad capitalista, que es una verdadera organización para el robo y el crimen social.

¡Pero no solo se trata de ese gran robo estructural y sistemático, diario, masivo, que implica la sociedad capitalista, sino que, por lo general, la organización y usufructo de muchos de los otros delitos más “obvios”, está ligada también a las instituciones policiales, militares, judiciales de la propia sociedad burguesa!

 

Veamos.

La red de criminalidad asociada al tráfico de armas, de drogas ilegales, de personas, de órganos, está siempre asociada a funcionarios de los órganos policiales, cuando no liderada directamente por estos.

 

–          En robos, secuestros, robo y desmontaje de carros, etc., también se los encuentra.

–          En la redes de proxenetas y prostitución, castigando y criminalizando a las prostitutas que quieren desempeñarse por cuenta propia sin someterse sus negocios.

–          Abusando, hostigando y reprimiendo a trans y travestis

–          El robo de mercancía a los buhoneros.

–          La matraca y la extorsión en las aduanas,  alcabalas y peajes.

La misma Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, llegó a declarar:

“Es común oír que los autores de los delitos graves como secuestro, extorsión, robo o narcotráfico son miembros de algún cuerpo policial, hecho que lamentablemente constituye una realidad… Numerosos procesos penales contra ciudadanos comunes se originan por hechos punibles construidos y fabricados por funcionarios policiales que por cualquier razón deciden perjudicar a una persona”.

En el 2010, la comisión de política interior de la Asamblea Nacional reconoció que

“bandas enquistadas en los cuerpos de seguridad del Estado, dirigidas por funcionarios de alto nivel, están detrás de la ola de secuestros que sacude el país”[10].

Tarek el Aissami, siendo ministro del Interior, tuvo que admitir que al menos en el 20% de los delitos denunciados estaban involucrados policías. ¡Una cifra reveladora! Pues si nos fijamos en que los miembros de los cuerpos de seguridad constituyen en número menos del 1% de la población de 15 años y más[11], pero cometen el 20% de los delitos, quiere decir que el potencial delictivo, el delito per cápita, es abrumadoramente mayor a lo interno de los propios cuerpos de seguridad que entre el resto de la población.

Sumemos a esto las actuaciones arbitrarias y violentas, por fuera de la propia legalidad burguesa, que van desde lesiones y hostigamientos hasta el asesinato. En esos casos, la impunidad de los policías es del 99%, ¡casi total!

Entre 2008 y el Ier Trimestre de 2009, de 10.103 denuncias hechas por víctimas de lesiones, torturas, violaciones de domicilio, privaciones ilegítimas de la libertad, acosos, hostigamientos y desapariciones forzadas cometidos por la policía, solo en 10 casos hubo condena. Entre 2000 y 2009, hubo más de 43.300 casos de este tipo denunciados[12].

 

Hablemos de “ajusticiamientos”:

Mediante ejecuciones directas, torturas o “uso excesivo” e “indiscriminado” de la fuerza, cientos de personas son asesinadas anualmente por las policías, en su casi totalidad gente de los sectores obreros y populares. 205 personas en 2009, 237 en 2010, 173 en 2011. Leamos algunos pocos testimonios –reflejados en informes de organismos de derechos humanos:

“Testigos señalaron que vieron cuando efectivos de la Policía del Estado (Zulia) llegaron al abasto en donde trabajaba GONZÁLEZ, y sin ningún motivo le dispararon a quemarropa. Un primo de la víctima quien se encontraba en ese momento en el abasto resultó herido”

“La compañera sentimental de VILLEGAS ARIZA, Kervin Oswaldo, aseveró que recibió la llamada de un funcionario militar, quien le informó que su compañero estaba detenido, cuando ella se dirige al lugar de detención le informan que VILLEGAS murió y que debía ir a la Morgue de Bello Monte a retirar el cadáver. VILLEGAS presentó una herida de bala en la cabeza hecha por un GN”

“Omar Bernardo SANZ (43) fue detenido por averiguaciones de un robo que él mismo fue a denunciar. Sanz trabajaba como transportista de la empresa DHL (…) Una vez en la sede policial Sanz es detenido y sometido a interrogatorio, y de acuerdo a la versión oficial la víctima fallece por un infarto mientras tomaban su declaración (…) familiares de la víctima señalan que nada aparece en el registro sobre los hematomas que tenía en el cuerpo, signos de estrangulamiento en el cuello y marcas de amarras en las muñecas”

“Cuando un menor de edad se encontraba manejando bicicleta, funcionarios de la GNB le dieron la voz de alto, pero el joven no les escuchó y siguió, los efectivos castrenses lo persiguieron y dispararon en el rostro. Versión oficial de enfrentamiento”

“Un grupo de familiares de [siguen nombres de 10 chamos] señalaron que fueron detenidos en distintos lugares en El Cementerio y llevados hasta el barrio El 70, y que casi todos llamaron a sus familiares para que supieran que estaban detenidos y que los efectivos policiales los llevaban a una zona montañosa… todos fueron llevados a distintos centros hospitalarios. Todos tenían tiros de gracia en la cabeza”

 

¿Puede alguien pensar que esa realidad de enorme desigualdad económica en el capitalismo, y la realidad de los delitos, abusos y crímenes de sus cuerpos policiales y judiciales no tiene que ver con los niveles de descomposición social?

Por donde se le mire, el gran crimen está asociado a la “alta sociedad” y a sus guardianes. Los cuerpos policiales del Estado burgués son una verdadera podredumbre. Y son esas verdaderas mafias las que nos dicen que hay que fortalecer –o “reformar”– para que el pueblo trabajador este “más seguro”.

Digamos de paso que estas mismas fuerzas represivas (y criminales) son de las que sirve la clase dominante y su Estado para amedrentar y reprimir las luchas de los explotados y explotadas, de los de abajo. Porque esa es su función, son, junto al ejército profesional, los perros guardianes del orden burgués. Por eso, desde cualquier punto que se le vea, los cuerpos represivos y el sistema judicial burgueses son los verdugos del pueblo trabajador, y de ninguna manera se puede estar por su fortalecimiento en nombre de la “seguridad” del pueblo, mucho menos si alguien se considera revolucionario.

Y aquí conviene precisar algo, cuando hablamos de la relación entre la realidad social del capitalismo y sus instituciones con la delincuencia común no es que estamos diciendo roban y matan porque son pobres, con lo que alguien pudiera decir, entonces pobres = delincuentes. ¡No es así tan simple y burdo como muchos analistas por ahí lo presentan!

Estamos diciendo, en primer lugar:

1. Que es profundamente absurdo, superficial, e ideológicamente reaccionario, pretender buscar el origen de la delincuencia común y la descomposición social en “un problema cultural”, que apunta siempre hacia las filas de los sectores populares.

2. Estamos diciendo que hay que ser serios y buscar el origen en la realidad de la profunda y contundente desigualdad e hipocresías de la sociedad actual, en la doble moral de las clases dominantes, su “Justicia” y su cuerpos represivos, en la altísima criminalidad e impunidad de los “guardianes del orden y la ley”.

Alguien dizque comprensivo o “progre” pudiera decirnos, “bueno, pero ni que los malandros robaran para comer… no roban ni matan porque estén muertos de hambre”. ¿Cierto? Nosotros pudiéramos re-preguntar, ¡¿y acaso los burgueses roban porque estén pasando hambre?!, ¡¿acaso los policías matan para comer?!, ¡¿las muertes que causa la clase capitalista por su interés de lucro, son porque los desdichados burgueses no tienen para comer?!

¿Nos damos cuenta de las lógicas? ¿Por qué el sentido de la condena moral siempre apunta hacia abajo, naturalizando las miserias y crímenes de la clase dominante? Si al caso vamos, las necesidades personales (digamos no solo comida, sino de vestido, de una moto, ¡de dinero!, ¡bienes!) de los burgueses son inmensamente menores que las de alguien de los sectores populares, ¿no?, ¡y sin embargo roban y causan enfermedades y muertes!

Pero además de todo lo anterior, también los mecanismos judiciales y el sistema carcelario están hechos para fabricar delincuentes entre los pobres, ¡es un asunto de plata también, de la condición social de clase!

Porque si caes detenido por un hecho –real o montado por la policía– y no tienes plata para pagar el abogado y contactos te fregaste, te toca un defensor público, o sea, cualquier cosa, que no tiene ningún interés en la verdad de tu caso: no podrás ser juzgado en libertad, pudiendo reincorporarse a tu vida normal, tu trabajo o tus chambas ocasionales, sino que te quedas en ese infierno que son los penales, se tarda el juicio una eternidad, ¿cómo se supones que vas a sobrevivir allá adentro?, en esa podredumbre, que no es solo la de los “pran” sino la de los custodios, la Guardia, que son los del negocio de armas y drogas, te quedas en esos antros sin ninguna condición sanitaria y alimentaria adecuada. ¿De dónde sacas tú y tu familia para pagarle al custodio, al “pran”, al guardia, para que te garanticen la sobrevivencia (seguridad, alimentos, medicinas, etc.)? ¿Con uno o dos salarios mínimos puede una familia costear la sobrevivencia de su familiar en la cárcel, más el abogado y los trámites judiciales, mientras llega algún día el juicio? ¿De dónde –o cómo– se supone que conseguirán los recursos? ¡Si eres del pueblo pobre, la “tentación” –es decir, ¡la necesidad!– de relacionarte de alguna u otra manera al mundo de la ilegalidad y del delito para conseguir la plata o los contactos para la sobrevivencia en la cárcel, es grande!

¿Y todo esto por qué? ¡Por falta de plata y de influencias, por no ser pana de alguien importante! ¿Eso no tiene que ver con la condición social de clase?

En todo caso, debe quedar claro que eso que los “expertos” llaman “el desprecio por la vida propia y ajena” y las “conductas antisociales”, no es una cualidad exclusiva de los choros,  es de alguna manera casi un principio de la sociedad burguesa, y además, cuando se expresa en la manera de la violencia urbana que vivimos actualmente, es apenas una de las expresiones más terribles de la descomposición social de este orden social miserable e irracional.

El capitalismo, con sus desigualdades sociales extremas y delirantes, con su total demagogia al ofrecer a todos una vida, goces y bienes que la inmensa mayoría no puede alcanzar, con su poder y negocios al servicio de la explotación y la opresión, con su congénita doble moral y su corruptela policial, judicial y política en todos los ámbitos, genera descomposición social, pero quiere hacer aparecer esta consecuencia de su orden social como si fueran el origen del problema. Es la sociedad burguesa la que se defiende de las consecuencias de su propio orden de explotación.

Y es para este orden social que los políticos del PSUV, PPT, Podemos, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, AD y demás partidos burgueses piensan sus políticas de “seguridad”.

 

* * *

Ahora bien, ¿quiere decir todo lo anterior que nos resbala la situación de violencia y descomposición social que vivimos?, ¿que nos es indiferente?, ¿que decimos que no hay nada que hacer hasta que “algún día cambie el sistema”? ¡No! ¡De ninguna manera! No nos es indiferente y debemos articular un programa al respecto. No nos es indiferente porque como vimos, quien paga las mayores consecuencias de esta descomposición social, criminalización y represión social es el pueblo trabajador.

No nos da igual porque esta situación lleva a que por ejemplo, de sectores lúmpenes de los de abajo salen los que, pagados por la “descomposición social” de los de arriba, matan a campesinos o trabajadores en lucha: los miserables terratenientes y empresarios privados se sirven de sicarios para sacar de en medio a obreros o campesinos que luchan. ¡No nos puede ser indiferente esta situación!

Esta descomposición –junto al paralelismo sindical y a la necesidad elemental de trabajo e ingresos– hace que se haya común resolver el problema de los puestos de trabajo en la construcción a punta de tiros entre mafias de burócratas sindicales. Trasladando a las filas del movimiento  obrero estos elementos de degradación social. ¡No nos es indiferente!

¡No nos es indiferente porque es de las propias filas de la clase obrera y el pueblo empobrecido que salen quienes son empujados a esta degradación, quienes terminan envueltos en la dinámica de crímenes, criminalización, represión y muerte, causando grandes sufrimientos en las familias del pueblo trabajador! Nuestra posición, si se quiere, es de empatía con el “Ramiro” de Maestra vida –esa genial obra de Rubén Blades–, con “Adán García”, con el “Ramón Antonio” de Soy un delincuente –esa tremenda novela testimonial–, porque nos duele.

¡Y nos importa mucho porque es también un problema estratégico! En dos sentidos:

1. Porque un mayor fortalecimiento ideológico y material de la capacidad de coacción y represión social de clase del Estado burgués, recorta las libertades democráticas, de organización y lucha del movimiento obrero y popular.

2. Y porque dejar pasar la ideología burguesa en boga, que apunta a culpabilizar y criminalizar solo a los salidos de las filas de las familias obreras y pobres, aceptar esa condena moral (hipócrita), implica un pesado lastre moral y de autopercepción de la clase trabajadora y el conjunto del pueblo pobre para postularse como dueños de su propio destino, para que la clase trabajadora se considere con derecho y capacidad para dirigir la sociedad, es decir, para hacer la revolución social anticapitalista.

Porque si la clase obrera no adquiere una comprensión real de las injusticias y miserias de la sociedad burguesa, si acepta pasivamente la ideología burguesa de que todo lo peor en cuanto a “valores”, criminalidad y “conductas antisociales” viene de sus filas, será un elemento que jugará a favor de aceptar con mas consenso la dirección burguesa de los asuntos sociales.

* * *

Entonces, sí postulamos un programa  que apunte a resolver los problemas de seguridad personal y colectiva del pueblo trabajador, así como enfrentar el crimen y la delincuencia. Un programa que parte de:

a. En primer lugar, de hablar del conjunto de “inseguridades” propias de la sociedad burguesa, no solo de las que habla el sentido común burgués, reconocer todos los aspectos que en esta sociedad hacen insegura la vida del pueblo trabajador, y por tanto atacar ahí;

b. Luego, de llamar por su nombre al gran robo y delito social que está legalizado y naturalizado, apuntar en dirección hacia la “expropiación de los expropiadores”, reorganizar la sociedad sobre nuevas bases, sobre la socialización de la propiedad capitalista para la organización de la economía en base al interés de las mayorías trabajadores

c.  Y de tomar por principio que el resguardo de la convivencia y la seguridad del pueblo trabajador, debe estar en manos del propio pueblo trabajador.

  • Reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles en el país, con un salario igual a la canasta básica familiar. Que todo el que quiera y pueda trabajar tenga trabajo. A pesar de que actualmente el desempleo no es tan alto para los parámetros normales del capitalismo dependiente, hay una franja de desocupación estructural que se ha mantenido oscilando  en los últimos años entre 800 mil y un millón de personas –sin considerar que parte de lo que el INE considera como “ocupación” son empleos muy precarios u ocupaciones esporádicas sin estabilidad en el tiempo. De esta desocupación estructural en general, es el sector de jóvenes entre 15 y 24 años quien más la padece, pues desde hace muchos años la desocupación en este segmento de edad es el doble de la media nacional. Así por ejemplo a finales del año pasado era de 11% la desocupación juvenil, es decir, más de 232 mil jóvenes que buscan trabajo pero no lo consiguen.
  • Que se ponga en pie un verdadero plan general de obras públicas para construir masivamente las viviendas, hospitales y escuelas que hacen falta. Un plan así generaría trabajo para miles de chamos sin trabajo ni ingresos. Un plan de obras públicas bajo el control de las organizaciones obreras y comunitarias.
  • ¡Cese el pago de la deuda externa! Que de esa cantidad de millones de dólares que van a las cuentas de las empresas, bancos y gobiernos de las potencias imperialistas, salgan los recursos para ese plan general de obras públicas.
  • ¡Altos y progresivos impuestos a las ganancias y fortunas de empresarios y ricos! Comencemos a devolverle a la clase trabajadora y a la sociedad lo que esta clase se roba, que esos recursos sirvan para la construcción de las obras públicas, los planes de empleo y capacitación, re-educación y esparcimiento.
  • Elección popular de los jueces, ganando el sueldo promedio del resto de los trabajadores. Los jueces que en su forma actual están supuestamente para la “independencia” de la justicia, están realmente al servicio de los ricos y poderosos. Los jueces deben cobrar como cualquier trabajador, sin ningún privilegio particular, electos por voto popular y revocables por la misma soberanía popular.
  • Legalización de la marihuana, para acabar con las mafias del narcotráfico, la criminalidad, criminalización y descomposición social que implican. El negocio es la ilegalidad. La fuente de las mafias y de múltiples delitos está allí. La ilegalidad de esta planta es una fábrica de “delitos” y “criminales”, desde los artificiales, por ejemplo el “delito” de cultivar, consumir o compartirla, hasta los delitosreales asociados a las mafias. Esto brindaría las condiciones no solo para un consumo mucho más saludable y responsables para quienes quieran consumirla, sino además para exigir centros de rehabilitación y atención públicos, para atender a quienes estén adictos –entre otras cosas porque la ilegalidad y el negocio actuales hacen que los que se consuma sea en muchos casos una porquería.

·         Disolución de esos mal llamados cuerpos de “seguridad ciudadana”. Sustitución por milicias obreras y comunitarias. No reforzar –o “depurar”– esos organismos, verdaderas “asociaciones ilícitas”,  deben ser reemplazos por organismos conformados por los propios trabajadores y habitantes de las comunidades, con participación en su dirección de integrantes de organismos de derechos humanos y víctimas de la represión policial e institucional. ¿Quién mejor que las mismas organizaciones comunitarias y obreras para garantizar su seguridad? ¿Acaso están más interesados los empresarios, alcaldes o comisarios en mantener la seguridad que los propios trabajadores y habitantes en sus lugares de trabajo y vivienda?

 

  • Correctivos y re-educación en manos de la propia comunidad, por las organizaciones obreras y populares. Las faltas y delitos menores a las normas de convivencia ciudadana dictadas por las comunidades, pueden ser sancionados y reconducidos por las propias instancias de la comunidad.

 

Son pues una serie de medidas o demandas que apuntan en una dirección que quiera realmente frenar las descomposición social, combatir el  crimen en serio, que no serán alcanzadas por supuesto por la venia de la clases dominantes y su Estado ni ninguno de sus partidos, sino que la única manera de hacerlas realidad sería mediante la movilización del pueblo trabajador.

 

Medidas que, desde nuestra perspectiva, no serían un fin en sí mismo, ni en modo alguno suficientes, sino que para superar realmente la descomposición social actual, tendrían que articularse en la perspectiva de una revolución social (de verdad, no esto), que reorganice la economía y la sociedad sobre bases socialistas –es decir, la propiedad común de fábricas, bancos, transportes, laboratorios, etc.–, para el aprovechamiento colectivo de las riquezas que colectivamente se producen, mediante un poder político propio de los trabajadores, sectores populares y campesinos pobres.

 


[1] En Clave Obrera, nº 27, marzo 2012.

[2] Idem.

[3] Idem.

[4] Informe del Banco Mundial. Comunicado de prensa del organismo (del 10 otc 2013): http://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2013/10/10/report-finds-400-million-children-living-extreme-poverty

[5] Comunicado de prensa del PNUD (del 24 ene 2014), haciendo referencia al informe Humanidad dividida: cómo hacer frente a la desigualdad en los países en desarrollo.Informe completo en http://www.undp.org/content/dam/undp/library/Poverty%20Reduction/Inclusive%20development/Humanity%20Divided/Spanish_web_low.pdf

[6] Informe “Gobernar para las élites. Secuestro democrático y desigualdad económica”, de la ONG Oxfam Intermón, citado en El País (artículo del 20 ene 2014):http://economia.elpais.com/economia/2014/01/19/actualidad/1390168909_581864.html

[7] Panorama Económico y Social de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, 2013.

[8] Idem.

[9] Idem.

[10] “Diputados vinculan a jefes policiales con secuestros”. El Universal, 13/05/2010.

[11] Contabilizando los policías estadales, municipales, la GNB, CICPC y Cuerpo de Vigilantes de Tránsito Terrestre, hay un total de 116 mil personas armadas; la población de 15 años y más para finales de 2009 era de 19.992.610. Fuentes: Agencia Bolivariana de Noticias 12/9/2009 e Instituto Nacional de Estadísticas.

[12] Pueden consultarse los informes anuales del Programa Venezolano para la Educación-Acción en Derechos Humanos (PROVEA).

Anuncios

Acerca de Barricada Juventud Revolucionaria

Una organización juvenil revolucionaria, de estudiantes y estudiantes/trabajadores, por ahora fundamentalmente de la UCV, de diversas carreras (Historia, Sociología, Estudios Políticos, etc.) donde confluimos compañeros que militan en la LTS (Liga de Trabajadores por el Socialismo) e independientes, que coincide en el objetivo estratégico de acabar con esta sociedad de clases, de destruir al Estado de los patrones y conquistar un orden social sin explotados ni explotadores. Quienes impulsamos esta agrupación apostamos al desarrollo de una militancia juvenil verdaderamente rebelde y revolucionaria, anti sistema, que no tenga nada que obedecerle ni deberle a ninguna institución del sistema capitalista, a ninguno de los poderes de la sociedad burguesa, que no comulgue con ningún proyecto burgués ni se subordine al Estado.
Esta entrada fue publicada en Libertades democráticas y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s