Barricada: La derecha da un paso al frente apoyándose en la crisis económica y la “impotencia” del gobierno

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POSICIÓN DE BARRICADA! – JUVENTUD REVOLUCIONARIA ANTICAPITALISTA

La derecha da un paso al frente apoyándose en la crisis económica y la “impotencia” del gobierno

¡Es necesaria la movilización de los trabajadores y el pueblo pobre con sus propias banderas y demandas, contrapuestas a las de la oposición y a las políticas del gobierno!

 

¡Pongamos en pie una juventud que luche en esta perspectiva!

¿Cuál es el contenido político de las actuales movilizaciones de calle?

El sector más “radical” de quienes se oponen al gobierno por derecha se trazó una agenda para modificar la correlación de fuerzas al interior del frente opositor, marcar una dinámica más hacia la derecha de la situación nacional y debilitar el gobierno de Maduro buscando pasar a ofensivas mayores. La represión a la que vienen siendo sometidas y que los lleva a reclamar el legítimo derecho democrático a manifestar, no anula sin embargo el carácter reaccionario de este movimiento: hay una suerte de “juego trancado” en la crisis económica nacional, con su carga de descontento social acumulado y, como mostramos más adelante, Voluntad Popular, María Corina Machado, Ledezma y Cía, pulsan por una “solución” subordinada totalmente a los intereses empresariales y el imperialismo, mucho más de lo que ya el gobierno permite y ofrece.

Una “solución” nada “popular” ni “democrática”, pues además se proponen allanar el camino para imponer un cambio de gobierno “sin esperar el calendario electoral”: hablan de “copar las calles hasta que se vaya”, forzando “la salida” (de Maduro). Son movilizaciones en clave “destituyente” que, si no se desarrollan en una dinámica directa de golpe de Estado, no necesariamente es por falta de voluntad de quienes las impulsan –partícipes de las movidas golpistas entre 2002 y 2003– si no por falta de condiciones y correlación de fuerzas para hacerlo.

Por eso, no puede descartarse a futuro un salto en la situación que lleve a un golpe de Estado. Si bien no es esa la situación hoy, hay que ser enfáticos en que de darse un giro en ese sentido, los estudiantes y la juventud que estamos contra la reacción y por una política clasista propia de los trabajadores y el pueblo pobre, debemos estar y estaremos resueltamente en primera fila movilizados para derrotar el golpe con la fuerza de la movilización obrera y popular.

Apadrinados por el imperialismo estadounidense

Como “agravante” de esta ofensiva política de la derecha está el respaldo que recibe esta oposición por parte del gobierno estadounidense, campeón en injerencias e intervenciones imperialistas. Son evidentes los lazos de López, María Corina, y el conjunto de la oposición, con el imperialismo estadounidense, patrocinador del golpe de 2002, el paro-sabotaje patronal de 2002-2003, y de toda suerte de injerencias en la vida nacional.

“Soluciones” totalmente pro empresariales, antipopulares y proimperialistas

Una inclemente inflación y la escasez de productos básicos vienen golpeando duro y son elementos claves del descontento social actual: 3,3% de inflación en enero, luego de haber cerrado 2013 en 56%, y un 28% de escasez en enero, que son apenas una expresión de la fuerte crisis económica que vive el país. Por detrás de esto está la –relativa– escasez de dólares que acusa el país, así como la pugna por el nivel ganancias de las empresas. La economía nacional acusa “escasez” de dólares para cubrir todos los gastos, tanto del Estado como de los particulares –desde las empresas hasta el ciudadano común–, por lo cual el Estado raciona los mismos; dicen los empresarios que ahí está una causa principal del rezago de la producción nacional, por tanto, de la escasez y la inflación (como consecuencia de la escasez). Se quejan también los capitalistas del tímido control de precios que ejerce el Estado, y de la reciente ley para “controlar las ganancias”; eso “desestimula” y “aleja” la inversión, dicen, lo que se traduce también en poca producción, por tanto, inflación y escasez.

¿Cuál es la “solución” pues según los capitalistas? Venderles más y más dólares, todos los que quieran, y dejarles ganar todo lo que quieran ganar, solo así –según– tendremos la posibilidad de salir de la inflación y la escasez. ¡”Abajo el control de cambio”! ¡”Abajo el control de precios”!  “Liberen” el dólar, “liberen” los precios! ¡”Libertad”!

Pero entre otras cosas, el país padece el racionamiento de dólares, porque los capitales imperialistas y la burguesía nacional se siguen embolsillando los recursos: a) pese a la perorata gubernamental sobre la “independencia” y el “país potencia”, estamos presos del papel que impone la división internacional del trabajo en el capitalismo imperialista, es decir, proveedores de materias primas y compradores de todo lo demás, y por más alto que esté circunstancialmente el precio del petróleo, los dólares que genere no serán suficientes para comprar todo lo que se necesita; b) porque además, también a despecho del discurso sobre el “antiimperialismo”, el país sigue sometido a los múltiples mecanismos de expoliación imperialista, millones de “los dólares del pueblo” se van constantemente en pagos de la deuda externa, de la usura que padece el país por deudas con la banca, empresas y gobiernos de las potencias capitalistas (para 2012 la deuda total era más de 102 mil millones de dólares, un cifra similar a casi un 40% del PIB nacional de entonces; en 2014, los pagos de la deuda pública –que en su mayoría es externa– crecerán un 55% con relación a 2013, llevándose un 22% del presupuesto nacional), así como por las ganancias que las cientos de transnacionales que operan en el país giran a su casas matrices; y c) porque los capitalistas nacionales no han cesado de “fugar capitales”, (el sector privado pasó a una posesión de dólares en el exterior de 49 mil millones de dólares en 2003, a más de 166 mil millones a finales de 2013, una cifra que, para que nos demos una idea, es igual a dos veces y medio todo el presupuesto nacional de 2014), ¡dólares que no se han invertido en la “producción nacional”!,

La “solución” de los empresarios –de los que López y Cía. son hoy los más “combativos” representantes– es completamente antinacional, de desangrar la nación, porque ¡convalidan totalmente la subordinación de la economía nacional a los mecanismos imperialistas (como la deuda externa y la extracción de ganancia por las transnacionales), ¡no repatrían los miles de millones de dólares que tienen fuera!, y ¡exigen que les permitan adquirir más y más dólares –¿para “invertir” o para seguirlos fugando?!

Por otro lado, a pesar del control de precios la inflación no ha cesado ¡ni tampoco las ganancias empresariales! El gobierno no solo relaja a cada tanto el fulano control, sino que en su reciente ley establece un “máximo de ganancia” del 30%, explicándoles hasta la saciedad a los burgueses que ese margen es una vez calculado el costo real de producción. ¡Pero la burguesía quiere más! ¡El pueblo trabajador sigue castigado en su bolsillo pero los capitalistas quieren que se les permita ganar sin límite alguno –“¡libertad!”–, todo lo que les dé la gana!

El objetivo de los empresarios es que el país se arrodille a las exigencias de la ganancia capitalista, ¡tan “autoritario”, “antidemocrático” y “dictatorial” como eso! Mientras tanto chantajean –sin ahorrar dosis de acaparamiento y especulación. Y la política de Voluntad Popular, Ledezma y María Corina es presionar in extremis para que, entre otras cosas, se ceda lo más rápido posible ante esta minoría parasitaria, ¡pero con un gran poder de chantaje!

A lo que debemos sumar una agenda totalmente reaccionaria en materia de “seguridad ciudadana” –que, hay que decirlo, comparte en buena medida con el propio gobierno–, que se puede resumir en “¡manden más policías, guardias y balas para los barrios!”. En las propias quejas de los manifestantes cuando la policía los reprime brutalmente se puede escuchar un genuino “¡malditos!, ¿por qué no van a meter así para los barrios?”(¡!) Es decir, les parece mal que los jodan los cuerpos represivos pero piden que sea en los sectores populares donde se descarguen los desmanes de estos “malditos”.

La “incapacidad” del gobierno para dar salidas a la crisis económica y la derrota electoral de la MUD son aprovechadas por el ala “radical” de la oposición

Como el gobierno no logra dar solución a la situación económica, la crisis se agudiza, el descontento social también. Por otro lado, sobre el que viene siendo el liderazgo mayoritario de la oposición pesa la derrota electoral de diciembre, luego de haber querido convertir las municipales en un plebiscito contra Maduro como revancha a la elección presidencial que –según dijeron– les “robaron” en abril. El “ala dura” afirma que la derrota electoral de diciembre sería una clara demostración del fracaso de la “línea blanda” en la oposición, este sector dice que había que seguir en las calles luego de las presidenciales del 14 de abril y, como elemento más “concluyente”, muestran la respuesta positiva de Capriles y la dirección de la MUD al “diálogo nacional” que tendió el gobierno. “Capriles y la MUD son colaboracionistas con el gobierno y no responden a la altura de lo que la crisis y el descontento social exigen”, así podría resumirse el planteamiento, y se postulan como alternativa.

Está por verse cómo se desarrollan en adelante los acontecimientos y esta correlación de fuerzas al interior de la oposición burguesa. Capriles, Primero Justicia y la dirección de la MUD aparecieron claramente deslindados de “las acciones violentas” (de VP) al momento de los hechos, negándose incluso a llamar a nuevas movilizaciones en los días siguientes, luego viraron a “cerrar filas” justificando los hechos como “expresión de una inconformidad real” y sumándose a las movilizaciones que ya había lanzado Leopoldo López y su partido, para aparecer ahora nuevamente distanciados.

No sólo la oposición busca descargar la crisis sobre el pueblo trabajador, el gobierno también, ¡y ya lo hace!

Pero un curso más a derecha de la situación nacional no viene solo de la mano de esta ofensiva de la oposición, el gobierno nacional también gestiona “soluciones” pro empresariales, antiobreras y antipopulares, tanto en el terreno económico como en el de la coacción y represión a las luchas. El gobierno –con la más elemental lógica capitalista– también coincide con “la burguesía parasitaria” y la oposición en que la solución a la crisis pasa por “mejorar la producción nacional”: anda hace meses en un “giro productivo” estableciendo y buscando pactos con los empresarios, haciendo juegos de equilibrista para ir relajando algunos controles y mantener otros. Está preso de su “contradicción” entre ponerle límites a los aspectos más groseros del chantaje empresarial y brindarles las condiciones que exigen.

En este camino, por más que vocifere contra “el capitalismo” y lance las más variadas invectivas y advertencias contra la burguesía, sus políticas son cada vez más las que pide el empresariado y las que golpean a los trabajadores y el bolsillo obrero y popular.

El gobierno no deja de pagar religiosamente la deuda externa –que se paga ¡en dólares!, por supuesto– y continúan las transnacionales girando jugosas ganancias a sus países, o sea, “los dólares del pueblo” se siguen yendo en masa por esas vías. No tiene ninguna política para obligar a los banqueros y capitalistas nacionales a traer de vuelta al país los miles de millones de dólares que tienen fuera del país, al contrario avanza en relajamientos del control de cambio (SICAD II). Continúa devaluando el bolívar sin cesar –para “estimular” la producción nacional, es decir, a los capitalistas, y para que el Estado obtenga más bolívares para cubrir sus gastos internos–, devaluando los ingresos del pueblo trabajador. Subsidia las ganancias de numerosos sectores capitalistas –tanto imperialistas como nacionales– a los que exonera de impuestos para “estimularlos a producir”, mientras el pueblo debe pagar el IVA. Mantiene un control de precios totalmente impotente, además genuflexo, pues de sus muchas reuniones con los empresarios salen acuerdos para aumentar los precios y para “revisarlos periódicamente”. Pone a disposición de los empresarios los dineros públicos mediante préstamos en condiciones favorables a estos. Discute abiertamente –en acuerdo con el grueso de la burguesía y sectores de la oposición– el aumento de la gasolina, así como el de otros servicios públicos (transporte subterráneo, electricidad, gas, etc.).

Simultáneamente desarrolla una política de coacción y represión de las luchas obreras más decididas. Ya bajo los gobiernos de Chávez se armó un entramado legal que criminaliza acciones de lucha obrera y popular como los paros, huelgas, asambleas y movilizaciones de calles en los más diversos sectores económicos y en “zonas especiales” que abarcan casi un tercio del territorio nacional. Desde entonces datan varias de las represiones más fuertes que han soportado las luchas obreras en los últimos años, así como la judicialización y enjuiciamiento de cientos de trabajadores, campesinos e indígenas.

Hoy, con la crisis pesan más esas cadenas, tanto porque la  pérdida de valor del salario aumenta la necesidad de las luchas reivindicativas, como porque en ese “giro productivo” del gobierno cualquier lucha de trabajadores que afecte el desarrollo de alguna actividad productiva es tachada directamente de “saboteo a la producción”, y le cae encima la coacción, despido de los que lucha, represión y enjuiciamiento –llegando en algunos casos hasta el encarcelamiento. La burguesía nacional, su Estado, el gobierno, sus justicias y sus cuerpos represivos resultan estar ahora en una perfecta alianza “productiva” cuando de enfrentar a las luchas obreras se trata, porque al fin y al cabo ¿quiénes producen realmente?, los trabajadores, y cuando estos toman medidas de lucha que “afectan la producción” los empresarios y el gobierno pegan el grito en el cielo: total, la “producción nacional” tiene que aumentar, ¡no importa si es a costillas de la sobre explotación de los trabajadores o de aplastar sus luchas!

¡Legitimar las capacidades represivas del Estado es contrario al fortalecimiento de la capacidad de lucha y movilización del pueblo trabajador!

Por todo eso es totalmente equivocado pretender –como cierta izquierda– que la manera de hacer frente a las movidas de la oposición es subordinándose al gobierno y apostando al fortalecimiento de su capacidad represiva, avalando que este limite y cercene las libertades democráticas. Como queda claro, la lucha para que la crisis no sea descargada sobre el pueblo trabajador no solo es contra la oposición, o contra “la burguesía” en general, sino también contra el gobierno que, a fin de cuentas, es quien administra y gestiona la crisis, es su política la que permite todo el chantaje empresarial, son sus medidas las que confabulan para devaluar el salario y aplastar la resistencia de aquellos trabajadores que luchan en serio.

Apoyar el accionar represivo del Estado es fortalecer al mismo aparato represivo que cae con mayor fuerza aún sobre las luchas de lxs explotadxs y oprimidxs. Legitimar que se violente el derecho a manifestar, a trancar calles, legitimar que el Estado aprese a manifestantes, que la policía política y la inteligencia militar intervengan en las movilizaciones de calle, que a quienes protestan los lleven presos a los comandos de la Guardia Nacional y del SEBIN, etc., es de una miopía política enorme, por decir lo menos, pues son medidas que aunque circunstancialmente caen sobre sectores que levantan un programa reaccionario, fortalecen las mismas instituciones que hoy tienen cientos de obreros procesados por luchar, que tienen obreros presos por querer formar un sindicato o hacer una huelga, que se meten en las fábricas y empresas donde hay luchas y amedrentan a los obreros, que reprimen las asambleas o manifestaciones frente a las empresas, que apresan a trabajadores que reparten volantes por su contrato colectivo.

¡Avalar las medidas represivas del Estado es contribuir a imponer una correlación de fuerzas que permita aplicar el ajuste capitalista sobre una clase obrera golpeada y diezmada! Es además la peor manera de prepararse para una eventual situación de golpe de derecha, porque si cada vez que los trabajadores intentar levantar cabeza el Estado y los empresarios los pisotean y los doblegan, una arremetida reaccionaria golpista los encontrará debilitados. Al contrario, la mejor manera de prepararse para hacer frente a un posible golpe es que los trabajadores avancen en desarrollar su fuerza de lucha, sus métodos, que fortalezcan sus músculos y su confianza en paros, asambleas, huelgas, tomas de fábricas, movilizaciones de calle, barricadas, etc., ¡y eso es totalmente incompatible con el apoyo al aparato de coacción estatal!

Un programa para la movilización obrera y popular.

Para que la crisis la paguen los capitales imperialistas, la burguesía nacional y los ricos, es necesario poner en pie la potencialmente poderosa fuerza de los trabajadores y trabajadores, en alianza con el conjunto del pueblo pobre, con demandas contrarias a las que levanta la oposición y a las políticas que viene aplicando el gobierno.

¡Cese el pago de la deuda externa! Basta de pagar ese tributo a los capitales y gobiernos de las potencias capitalistas. Esos recursos que se destinen a salud, educación y vivienda.

¡Abajo el IVA! ¡Fuertes impuestos a las ganancias y fortunas capitalistas! Basta de castigar el bolsillo del pueblo trabajador, que paguen los explotadores y los ricos.

¡Salario igual a la canasta básica familiar y escala móvil de salarios! Que ningún trabajador gane menos de los que cuesta una canasta básica familiar. Que los salarios no se queden estancados ante el costo de la vida, indexación salarial cada tres meses de acuerdo al aumento de la inflación.

¡Control de precios por parte de los propios trabajadores y el pueblo, sin subordinación a las instituciones gubernamentales! El “control” del Estado es totalmente impotente. Solo comités obreros, con participación de las comunidades, pueden establecer un verdadero control acorde con las necesidades de las mayorías trabajadoras.

¡Apertura de los libros de cuenta de las empresas! Los capitalistas aducen “pérdidas” para descargar sus niveles de ganancias sobre el pueblo. El gobierno es incapaz totalmente de “controlar” eso, porque además es cómplice de los “márgenes razonables” de ganancia. ¡Nadie más que los propios trabajadores que producen las riquezas tienen derecho a saber la verdad de las finanzas empresariales! ¡Los capitalistas no tienen ningún derecho a ocultarle a los trabajadores y la sociedad las cuentas de la explotación! ¡Que los ojos de la clase trabajadora y el pueblo, a través de sus delegados electos por la base penetren todos los rincones de la verdad de las cuentas capitalistas!

¡Control obrero de toda empresa que amenace con cerrar o despedir! Los empresarios chantajean con dejar de producir, con despedir o cerrar, si no aceptan sus niveles y exigencias de ganancia. Las empresas no pueden andar sin trabajadores, pero sin capitalistas sí.

¡Expropiación sin indemnización y bajo administración directa de sus trabajadores de los principales monopolios de alimentos! No puede permitirse que la alimentación de millones del pueblo trabajador dependa de la sed de ganancias o el cálculo político de una corporación o una familia burguesa. Que esas empresas pasen a ser propiedad pública, pero no bajo la dirección de la burocracia gubernamental sino gestionadas directa y soberanamente por los propios productores de las riquezas, los trabajadores, en alianza con los sectores populares y campesinos pobres.

¡Expropiación bajo administración directa de sus trabajadores, de toda empresa y firma que mantenga recursos en dólares en el exterior y se niegue traerlos de vuelta al país!

¡Desprocesamiento de todos los trabajadores y trabajadoras procesados judicialmente por luchar! ¡Cese de todos los juicios, cargos y prohibiciones que pesan sobre cientos de trabajadores y campesinos por hacer huelgas, paro, trancar una calle, ocupar una empresa o una finca! ¡Libertad para los obreros condenados a cárcel por luchar! Parte de la vanguardia luchadora de la clase trabajadora y el pueblo pobre permanece con juicios, prohibiciones o incluso en la cárcel, mientras entre los empresarios, la oposición patronal y el gobierno deciden la suerte de la economía y del pueblo trabajador: ¡para inclinar la balanza en favor de los de abajo, hay que liberar de juicios y prohibiciones a los luchadores!

¡Fuera el SEBIN y la GNB de las empresas y de las luchas obreras!

Con un programa en este sentido es que puede irse configurando un verdadero cambio en la correlación de fuerzas nacional favorable a los intereses de las mayorías trabajadoras y empobrecidas. Movilizaciones y desarrollo de las luchas en ese sentido son además la mejor manera de prepararse para en eventual golpe de derecha, porque implica ir fortaleciendo los músculos de los de abajo, implica ganar independencia y poder de lucha frente a los empresarios y frente al propio gobierno y su represión. Es la mejor manera para que, en caso de golpe, se ponga en pie la enorme fuerza obrera y popular en las fábricas, empresas y las calles, para que derrotemos a la reacción. Pero  también para no repetir la historia de 2002 y 2003, donde luego de cada victoria obrera y popular, el gobierno mandó al pueblo a sus casas y administró las derrotas de la reacción para asentar su régimen, mantener en pie todo lo fundamental de la sociedad capitalista, dejando prácticamente intacto el poder económico de la burguesía, ¡ese mismo poder que usan hoy para chantajear al país y al pueblo trabajador!

Es en esta perspectiva que está planteada actualmente una dura lucha política en el movimiento estudiantil, bregando con tesón contra la enorme polarización que decanta en grandes franjas arrastradas tras el programa y objetivos de la oposición burguesa –en muchos casos llevados allí por la defensa demagógica que hace la oposición del derecho a la protesta–, y otro polo que se encolumna tras el gobierno nacional legitimando sus medidas económicas antipopulares y su política de criminalización y aplastamiento de las luchas obreras. Esta es la pelea que damos los compañeros y compañeras agrupados en Barricada!

18-F-2014.

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Acerca de Barricada Juventud Revolucionaria

Una organización juvenil revolucionaria, de estudiantes y estudiantes/trabajadores, por ahora fundamentalmente de la UCV, de diversas carreras (Historia, Sociología, Estudios Políticos, etc.) donde confluimos compañeros que militan en la LTS (Liga de Trabajadores por el Socialismo) e independientes, que coincide en el objetivo estratégico de acabar con esta sociedad de clases, de destruir al Estado de los patrones y conquistar un orden social sin explotados ni explotadores. Quienes impulsamos esta agrupación apostamos al desarrollo de una militancia juvenil verdaderamente rebelde y revolucionaria, anti sistema, que no tenga nada que obedecerle ni deberle a ninguna institución del sistema capitalista, a ninguno de los poderes de la sociedad burguesa, que no comulgue con ningún proyecto burgués ni se subordine al Estado.
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  1. suhey dijo:

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