¡Manifiesto por una Juventud dispuesta a “exigir lo imposible”! (PDF)


Manifiesto por una juventud dispuesta a exigir lo imposible 

AFICHE BARRICADA - PARA IMPRENTA

 

 

INTRODUCCIÓN

El capitalismo en una crisis histórica… y un mundo convulsionado

En los 80’s y 90’s del siglo pasado se instaló un sentido común de triunfalismo capitalista, según el cual el sistema sería estable para décadas, y pensar alternativas sociales distintas al capitalismo era considerado un absurdo por el “pensamiento único” instalado. La “globalización”, la desintegración de los regímenes burocrático-policiales de la URSS y Europa del Este donde predominaba la propiedad estatal sobre la economía (mal llamados “socialismo reales”), se suponían pruebas de la vitalidad y fortaleza indiscutible del capitalismo, de la superioridad de la propiedad privada. Hoy sin embargo la situación es otra. La crisis se desarrolla con fuerza a nivel internacional y también los procesos de lucha y resistencia de los trabajadores y trabajadoras.

Desde finales de 2008 reventó en el corazón de los Estados Unidos y las principales potencias imperialistas europeas la crisis más importante de la economía capitalista desde los años 30’s del siglo pasado. La salida que dio el capitalismo a la crisis económica de los 70’s fue el neoliberalismo: un ataque en regla a las conquistas del movimiento obrero (precarización del trabajo, desempleo, reducción de la seguridad social, etc.), combinado con un mayor control de las economías de los países semicoloniales (sobre todo privatizando el sector estatal de éstas, imponiendo recortes al presupuesto público para cobrarse la deuda externa, etc.), la restauración capitalista en la ex URSS, China, Vietnam, etc. (abriendo para el capital nuevos recursos y mano de obra que antes le estaban vedados) y una “financierización” de la economía (desviando hacia la “economía virtual” lo que no podía el capital realizar en la “economía real”).

En cualquier caso, la constante fue el ataque al proletariado con el abaratamiento de la fuerza de trabajo y la profundización de la explotación: las privatizaciones en los países semicoloniales, los recortes presupuestarios, el desmontaje del “Estado de bienestar” en los países imperialistas, la penetración del capital en Rusia, Europa del Este, China, etc., implicaron “flexibilización laboral”, cierres de empresas, despidos, bajos salarios, reducción significativa de la base social de los sindicatos, trabajo en condiciones de precariedad similares a las del siglo XIX (en China, por ejemplo, que funcionó como una gran reserva de mano de obra barata para el capital internacional, con millones de trabajadores y trabajadoras controlados con mano de hierro, con jornadas extenuantes y sin libertades de organización sindical ni políticas).

Así el capitalismo logró sobreponerse a las crisis económica de los 70’s. Mientras en el terreno de la lucha de clases, lograba desviar las explosiones de descontento en los países imperialistas o los estallidos revolucionarios (Mayo Francés,  Revolución de los Claveles en Portugal, Otoño Caliente italiano, etc.), aplastaba mediante sangrientas dictaduras –que se cobraron decenas de miles de desaparecidos y asesinados- el ascenso de luchas en las semicolonias, como ocurrió en América Latina (Argentina, Uruguay, Chile, etc.), y logró frenar o estabilizar aquellos países semicoloniales en los que hubo revoluciones triunfantes o procesos revolucionarios agudos (Nicaragua, Irán, El Salvador, etc.).

La “salida neoliberal” sin embargo no resolvió ninguna de las contradicciones históricas de fondo del capitalismo, y vuelve a la carga, sin ninguna posibilidad de resolverse la crisis con una salida basada en un hipotético “giro redistributivo” (de migajas hacia la clase trabajadora) para reverdecer y reanimar la economía capitalista, sino que “necesitan” acentuar sus ataques contra los trabajadores y trabajadoras, como vemos en muchos países en estos momentos. El solo dato de que este año se romperá el récord de desempleados a nivel mundial –más de 202 millones-, que a su vez supera al anterior récord que data también de esta crisis -199 millones en el año 2009- nos da una idea de la magnitud que toma la crisis.

Por supuesto que a una crisis de estas dimensiones le acompañarán procesos de lucha también importantes y de carácter histórico. Y es así como vemos hoy una serie de variados e importantes procesos de lucha y resistencia en diversas partes del mundo. Hay una especie de “vuelta de la lucha de clases” con mucha fuerza, con grandes procesos huelguísticos y enormes movilizaciones en una gran cantidad de países, tanto de Europa, como de Asia y África –por mencionar los más resaltantes.

En Grecia se desarrollan las más grandes movilizaciones en décadas, con decenas de huelgas y paros generales, y duras batallas donde el gobierno amenaza directamente con llevar a la cárcel a los trabajadores si no levantan las huelgas (como recientemente en el metro de Atenas o en los puertos). En el Estado Español se vive el proceso de descontento y movilización social más grande después de la caída de la dictadura de Franco, con enormes movilizaciones juveniles (“indignados”) y procesos de huelgas y paros obreros. Se suceden también movilizaciones y procesos de lucha de la clase trabajadora, como no se veía en décadas, en Italia, Portugal, Gran Bretaña, Francia.

En el norte de África y Medio Oriente, la combinación de la crisis económica, el alto costo de los alimentos, y décadas de regímenes dictatoriales, dio a luz la “primavera árabe”, un despertar a la lucha social y política de grandes franjas de la juventud, los trabajadores y trabajadoras, y el pueblo pobre de estos país, incluyendo un importante peso en las movilizaciones de las mujeres, siendo un sector con múltiples cadenas de opresión social y política en muchos de estos países. En esta nueva etapa histórica de las luchas en esta región del mundo, levantamientos masivos –en algunos casos combinados con huelgas obreras- derrocaron o pusieron en jaque a regímenes que parecían inconmovibles (Túnez, Egipto), en otros el bloqueo o debilidad del levantamiento condujo a la guerra civil, con intervención de las potencias imperialistas (Libia) o sin intervención directa aún (Siria), y en otros países las movilizaciones fueron derrotadas directamente mediante la dura represión estatal (como en Bahréin), o forzaron un cambio “ordenado” de gobierno (Yemen). Allí donde fue más profundo el levantamiento, se abrieron procesos revolucionarios que, con desigualdad, continúan en curso, como son los casos de Túnez, y sobre todo Egipto, donde el nuevo régimen burgués no se logra estabilizar –jugando un rol clave la clase obrera egipcia, que continúa haciendo huelgas y con proceso de reorganización.

En China y otros países con un nuevo y numerosísimo proletariado súperexplotado (como India o Bangladesh) comienza a levantar cabeza con importantes huelgas masivas y procesos de organización. Es significativo el caso de los obreros y obreras de China -por el papel que juega el país en el orden económico actual-, donde a pesar de la represión y mano de hierro del partido “comunista”, se viene dando un crecimiento importante de las huelgas y paros en los últimos años, así como de organización obrera clandestina o semi-clandestina, por fuera de lo “sindicatos” oficiales. El despertar del proletariado chino sería el despertar de un verdadero gigante para la lucha de clases.

En Sudáfrica, la mayor economía de la Unión Africana y un país clave del continente, vendido como una de las “potencias emergentes” en el orden económico mundial, hemos visto hace meses la huelga de miles de obreros en una mina de platino en Marikana –de capital inglés­- que llevó a la matanza de casi 40 obreros por parte de la policía, dando pie posteriormente a un despertar de otros sectores del proletariado minero sudafricano que llevan adelante duras huelgas y luchas.

En los Estados Unidos asistimos al surgimiento del movimiento “Ocuppy Wall Street”, de carácter masivo, que denuncia al sistema financiero y la grosera concentración de las riquezas, al tiempo que se desarrollaron importantes huelgas de algunos sectores (aunque derrotadas).

En América Latina, donde por circunstancias excepcionales la crisis aún no golpea con fuerza, no dejan sin embargo de darse desde ya luchas, movilizaciones o procesos relevantes de reorganización de los explotados. En Chile el movimiento estudiantil desarrolló grandes movilizaciones contra la herencia pinochetista en la educación. En México el movimiento #yosoy132 abrió paso a un nuevo despertar político en miles y miles de jóvenes. En Argentina se llevó a cabo en noviembre de 2012 el primer paro nacional de trabajadores contra el peronismo kirchnerista, y en Bolivia, desde la “rebelión fabril” de finales de 2010 contra el intento del gobierno de imponer un nuevo código laboral con contenidos antiobreros, viene desarrollándose un proceso de distanciamiento con el gobierno de Evo –e incluso ruptura–, entre franjas de trabajadores, proceso que tuvo una de sus expresiones en que la Confederación Obrera Boliviana (COB) se dispuso a impulsar la conformación de un “Instrumento Político de los Trabajadores”, que podría dar paso a una organización política que agrupe a miles de trabajadores en oposición obrera por izquierda al gobierno de Evo Morales, y que ha dado un salto en este mes de mayo con la gran acción obrera que significó la huelga masiva de más de 10 días lanzada por la COB, que estremeció al país y puso en apuros al gobierno y los empresarios. Son solo algunos ejemplos de nuestra región, aún sin que la crisis económica golpee de frente.

De conjunto, a nivel mundial, el panorama es de un auge variado y desigual de fuertes luchas, de procesos masivos de descontento social y político, de surgimiento de conflictos armados donde no los había, o recrudecimiento de los existentes. Y si bien la pauta por ahora no son los grandes enfrentamientos de clase, levantamientos e insurrecciones –aunque las hay en algunos países específicos-, es para un escenario de mayores combates de este tipo que debemos prepararnos.

¿Y por casa cómo andamos?

Mas allá de la propaganda oficial –y de la oposición burguesa– sobre una supuesta “revolución” o “construcción del socialismo” en nuestro país, debemos mirar la realidad de frente y partir de reconocer que vivimos en una sociedad claramente capitalista, pero que además el proyecto del gobierno actual –al igual que la oposición– lo que se propone es administrar este orden social, no destruirlo.

En nuestro país, con el chavismo, hubo un importante cambio de régimen político, pero ninguna revolución social. Se cambió de un régimen político a otro, pero para administrar la misma sociedad capitalista. Al calor de un enorme descontento obrero y popular que tuvo su expresión histórica en la revuelta social del 27 y 28 de febrero del ’89, lo que luego vivimos del ’99 para acá ha sido un cambio en la manera específica de dirigir el país, de garantizar y conducir las relaciones sociales de producción y distribución capitalistas, en la manera de regimentar la vida social que de estas relaciones deriva, en la manera de negociar las relaciones entre el país semicolonial y los capitales y potencias imperialistas; pero es la misma sociedad de explotación y opresión, matizada con dosis de “justicia social”.

Los explotados y explotadas de ayer lo siguen siendo hoy, los humillados de ayer en los lugares de trabajo lo siguen siendo hoy, los pobres de ayer lo siguen siendo hoy, solo que un poco menos en los últimos años –cuestión totalmente circunstancial–, los ricos de ayer siguen siendo los mismos de hoy –aunque con la incorporación de algunos “revolucionarios” y “socialistas” convertidos en nuevos ricos gracias a sus vínculos con el gobierno, tal como ayer otros se hicieron ricos vinculándose a AD y COPEI.

Luego de la debacle del puntofijismo Chávez vino a significar la garantía de la estabilidad de la sociedad burguesa, una tarea confesada por él innumerables veces. Aún en los momentos de mayor confrontación con las fuerzas desplazadas del puntofijismo y la burguesía opositora proimperialista, nunca actuó para aprovechar la debilidad de la reacción tras sus derrotas y volcar sobre ella al movimiento de masas para avanzar en desmontar las bases del capitalismo. Porque su gobierno era un gobierno de contención, de canalización institucional del descontento y malestar de las mayorías trabajadoras y pobres. Chávez no dejó nunca de insistir a sus opositores, al empresariado, y al imperialismo yanqui, que él era el garante de la estabilidad y la paz social en el país, es decir, de que no se desaten posibilidades de una revolución social. Su política buscó encasillar el descontento social hacia reformas para un capitalismo de “desarrollo nacional”, con fuerte presencia del Estado burgués que garantice al mismo tiempo aliviar los elementos más agobiantes de la pobreza y la miseria, y la coacción y represión a los que quieran luchar más decididamente contra el sistema. Por eso cumple un papel que no es nada revolucionario.

Sin embargo, la relativa estabilidad burguesa de que ha venido gozando el país durante los últimos años, ya comienza también a tocar techo. La inmensamente publicitada “política social” no ha hecho sino aliviar parcialmente los males del capitalismo nacional. El propio gobierno que ya venía anunciando tiempos de medidas económicas para “ajustar” la economía nacional –muchas de las cuales comparte con la oposición–, ha avanzado rápidamente en ese sentido: lanzó un par de devaluaciones del bolívar, una típica medida de ajuste capitalista que ha sido aplaudida por lo centros financieros imperialistas y que golpea directamente al pueblo trabajador; autorizó nuevos aumentos de precios en varios alimentos básicos; en mesas de trabajo con lo más concentrado de la burguesía nacional accede rápidamente a sus necesidades, exonerando del pago de impuestos a nuevos sectores empresariales, como el agropecuario, importación de capitales, etc., comprometiéndose a revisar los precios cada tres meses por si necesitan “ajustes”, evaluando nuevas exoneraciones (subsidios indirectos) a aquellas empresas o sectores que lo requieran, entre otras tantas “ayudas” que el Estado –con dinero “del pueblo”– se compromete a dar a los explotadores –ya vemos cómo al gran magnate y dueño del principal monopolio privado del país, Lorenzo Mendoza, Maduro le dijo sin ruborizarse: “tienes todo nuestro apoyo para producir”.

Pero no serán estas las últimas medidas antiobreras y antipopulares que el gobierno se lance, pues que vendrán más “cambios” o “ajustes”. Con seguridad, esto abrirá nuevos y más desarrollados procesos de lucha obrera y popular en el país. De hecho, el movimiento obrero viene hace algún tiempo ejercitando sus músculos en luchas reivindicativas y enfrentamiento a la coacción privada y estatal.

A esto hay que agregar un elemento clave, de gran trascendencia, como lo fue la muerte del presidente Chávez, lo que marca un fin de la manera de gobernar de estos últimos catorce años. Esto hecho es un generador directo de inestabilidad política, y potencialmente social, pues Chávez concentraba en sí tanto la esperanza de gran parte de las masas obreras y populares como la autoridad para contener o “disciplinar” brotes de descontento. Al no estar ya esta figura central, es muy probable que asistamos a una liberación de nuevas y mayores energías para la lucha de clases por parte de los explotados, energías que Chávez logró encorsetar en los límites del –tramposamente llamado– “socialismo del siglo XXI”.

Junto a esto, la posibilidad de un giro brusco en la situación económica, bien por efectos directos de la crisis internacional en curso o por el agotamiento del esquema económico actual, que haga entrar en crisis la economía nacional, será u nuevo ingrediente generador de convulsiones sociales. Una perspectiva que no parece muy lejana, pues los datos de la economía en lo que va de 2013 indican un freno y descenso en la dinámica de crecimiento del PIB. Para este escenario hay que prepararse.

Proclamamos bien en alto y claro la necesidad de organizarse para revolucionar y derrotar el sistema capitalista también en nuestro país, sin ningún tipo de subordinación a ninguno de los proyectos que actualmente se debaten su control. ¡Hay que organizarse para una lucha anticapitalista consecuente, en una perspectiva que se proponga realmente acabar con este sistema de explotación y opresión!

“Seamos realistas… exijamos lo imposible”

Nos negamos a aceptar la miseria que ofrecen los distintos defensores del orden burgués, tanto en nuestro país como a nivel mundial. Rechazamos tanto los de derecha y “ortodoxos” que venden como lo único “viable” soportar mayores niveles de explotación y empobrecimiento para salvar a los bancos y empresas, como a los de esa izquierda reformista y burguesa que nos vende como lo único “posible” regímenes y gobiernos que gestionen el orden de explotación con dosis regulación estatal y “justicia social”. Nos negamos rotundamente a que quienes gestionan hoy el Estado burgués en nuestro país, alardeando de una falsa revolución, pretendan vendernos la realidad actual como la única “posible” o “realista”, como lo más a lo que pueden aspirar las mayorías trabajadores y pobres.

¡No nos resignamos ante un horizonte tan mísero! Las mayorías trabajadoras, que diariamente hacen andar las ruedas del país, que con su continuo esfuerzo y trabajo generan la inmensa mayoría de las riquezas nacionales, tienen derecho a una vida mejor, a combatir este sistema para abrir paso a una verdadera revolución social, a dirigir la sociedad, para iniciar la construcción de una sociedad sin explotación ni pobreza, sin pedirle permiso a nadie ni agradecerle nada a nadie, más que a sus propios esfuerzos de lucha y emancipación.

Queremos construir una juventud que apueste a “cambiar las cosas de raíz”, a desplegar libremente su crítica, su creatividad, su iniciativa y su militancia tras la causa de cambiar realmente el mundo, de la destrucción del capitalismo y abrir paso a la posibilidad de un nuevo orden civilizatorio.

La profundidad de la crisis de la economía capitalista a nivel mundial actualizan más aún la apuesta de “tomar el cielo por asalto”, de proponerse la lucha por el derrocamiento revolucionario del capitalismo, de vencer a los capitalistas y sus gobiernos, para abolir la propiedad privada y el Estado burgués, para organizar la economía y el poder político sobre la base del interés común. ¡Esa es la apuesta estratégica que se actualiza con esta crisis, para evitar que la misma solo signifique mayores sufrimientos, depauperación, calamidades y frustraciones para las mayorías trabajadores y pobres del mundo! ¡Que los millones de explotados y explotadas, oprimidos y oprimidas por el sistema, tomen el cielo por asalto, tomen el destino de sus vidas en sus propias manos! ¡Luchar por lo que nos pretenden hacer ver como lo “imposible”: esa es nuestra perspectiva!

Una experiencia de militancia revolucionaria común

Nos proponemos la construcción de una agrupación juvenil revolucionaria como un espacio de militancia y experiencia política común entre compañeros que militan en la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) y compañeros y compañeras independientes, sobre la base de los principios y aspectos programáticos de este Manifiesto.

Por supuesto, estamos conscientes que una agrupación juvenil revolucionaria no basta, ni mucho menos, para llevar hasta el final la pelea por la revolución social anticapitalista. Sabemos que para vencer a los capitalistas y su Estado hacen falta estrategias y herramientas políticas de clase superiores. En ese sentido nos proponemos profundizar el intercambio, estudio y discusión sobre aspectos teóricos, políticos y estratégicos que hacen a la lucha por la revolución socialista, como la cuestión del partido revolucionario, la necesidad de una organización revolucionaria internacional, la “dictadura de proletariado”, el balance de los “socialismos reales” del siglo XX, al tiempo que desarrollamos la propia experiencia práctica de intervención en las luchas, y hacemos los balances de esta intervención común.

Cuando millones de jóvenes en todo el mundo se ponen de pie para luchar contra las injusticias del capitalismo y sus gobiernos –desde la plaza Tharir en Egipto a las movilizaciones estudiantiles en Chile, pasando por la juventud griega y del Estado Español–, nos proponemos levantar también en nuestro país una juventud que ligue su suerte a la de lxs explotadxs y oprimidos por el sistema capitalista.

Aspiramos confluir en esta apasionante experiencia de militancia y discusión revolucionaria común con quienes entre los y las estudiantes, y la juventud trabajadora, coincidan en la necesidad de organizarnos para luchar consecuentemente contra las arbitrariedades e injusticias de esta sociedad.

I. PRINCIPIOS

¡Contra el capitalismo: por la unidad con los trabajadores y trabajadoras en lucha!

El capitalismo es la expresión histórica más reciente de una organización de la sociedad basada en la explotación del trabajo ajeno y la opresión política. Un puñado de propietarios y explotadores privados usufructúan en cantidad y calidad las enormes riquezas producidas por los cientos de millones trabajadores y trabajadoras de todo el mundo. Una minoría social, compuesta fundamentalmente por la clase capitalista, vive en riqueza y ostentando opulencia mientras la gran mayoría de la clase trabajadora y de la población mundial padece necesidades, pobreza, una vida precaria, en muchos casos, apenas sobrevive en condiciones de miseria, cuando no es víctima directa de la muerte por falta de alimentos y condiciones elementales de salud. En la base de estas contradicciones sociales está el robo del trabajo ajeno por parte de los capitalistas.

La humanidad ha alcanzado una gran capacidad para proveerse y producir aquello que se necesitaría para vivir más allá del límite de la mera sobrevivencia, pero gracias a la propiedad privada sobre los medios de producción y de vida, el control del trabajo y sus productos quedan en manos de una minoría parasitaria que priva a la humanidad del disfrute de estas conquistas. Lo que se produce colectivamente queda en manos privadas de unos pocos. Los grandes avances de la humanidad producto de un largo recorrido histórico de acumulación de experiencia social y trabajo colectivo son convertidos en mercancía y en capital de unos pocos. La posibilidad del disfrute colectivo de lo que hasta hoy ha conquistado la humanidad y de la gestión democrática de esas conquistas, están bloqueadas por el régimen de la propiedad privada capitalista.

Nos pronunciamos radicalmente contra este sistema social de explotación y opresión, que no puede ya sobrevivir sino a costa de condenar a cada vez más personas a la desesperación y la miseria, de sostener niveles irracionales de pobreza y muertes por hambre mientras hay riquezas y alimentos suficientes para todos, de sostener un casi inalterable desprecio ecológico, de hundir en la decadencia a pueblos y países enteros para que paguen lo que “deben” a un puñado de banqueros imperialistas, de provocar la muerte de millones (¡y los que vienen!) por las guerras de la clase dominante, de destruir industrias y puestos de trabajo porque “sobran”, de hacer pagar al conjunto de la sociedad las “pérdidas” y crisis de la minoría que vive de apropiarse las ganancias (capitalistas y banqueros), y en fin, a costa de bloquear las posibilidades de un desarrollo superior de las potencialidades humanas, de un disfrute en gran escala de las conquistas materiales y espirituales de la Humanidad y un mayor desarrollo de estas. Un sistema perverso que privatiza las ganancias pero socializa las pérdidas. Un orden de cosas que no ahorra –¡ni ahorrará!, mientras subsista– mecanismos de opresión social y política para sostenerse.

Todo este orden social corre por cuenta de la explotación y opresión de amplios sectores de la población, pero específica y principalmente sobre la clase obrera, los trabajadores asalariados y asalariadas tanto de la industria como de los servicios, tanto de la ciudad como del campo, que producen la absoluta mayoría de las riquezas de la sociedad y hacen andar los engranajes de la misma. Por esa ubicación objetiva en el centro de la producción social contemporánea y los circuitos de reproducción del sistema, es la clase no solo más explotada sino también la que condensa –con creces– mayor potencialidad revolucionaria anticapitalista, pues no solo recibe de manera directa y constante los embates de la explotación capitalista, ¡y los enfrenta!, sino que es la única clase cuya liberación social de esta condición histórica solo le es posible destruyendo completamente el régimen de la propiedad privada, es decir, la base misma de la sociedad actual.

En nuestros países, donde la forma de existir el capitalismo es la de un capitalismo dependiente y semicolonial, genera en las ciudades constantemente franjas de pobres urbanos, bien sea por el desplazamiento de las deprimidas zonas rurales a las ciudades, o bien sea por el propio crecimiento de la población urbana que es incapaz de incorporar al aparato productivo, generando no ya proletarios sino semiproletarios o directamente “excluidos” que viven de cualquier “chamba” que consiguen ocasionalmente o de sobrevivir en la buhonería, cuando los niveles de descomposición social no los llevan a la delincuencia y a reducir drásticamente su esperanza de vida, como lo constata la alta tasa de mortalidad juvenil que hay en los barrios pobres del país.

A su vez, a los pueblos originarios el sistema los condena a la miseria, ayer y hoy. Aunque se tengan discursos y política de “ayuda” a estos sectores, la verdad es que no se les brinda ninguna posibilidad real de desarrollarse plenamente, lo que pasaría por poner en sus manos el territorio que corresponda, es decir, la tierra, los recursos naturales y la soberanía organizativa, arrancándoselos a los terratenientes, ganaderos y empresas transnacionales con proyectos en los mismos. Pero cuando nuestros pueblos originarios  se organizan de manera  independiente del Estado para luchar contra la propiedad ganadera y los proyectos de capitales transnacionales, son perseguidos, estigmatizados y hasta encarcelados por el Estado, como ha sido el caso de los Yukpa de la Sierra de Perijá; o como el hostigamiento y militarización reciente de las comunidades Pemón de la Gran Sabana, respondidos contundentemente por estas desarmando y reteniendo a decenas de militares para obligar al Estado a respetar sus derechos.

Abrazamos pues todas las causas de las clases y sectores explotados y oprimidos por el capitalismo, reconociendo en este conjunto la centralidad de la explotación del trabajo asalariado y de la clase trabajadora como sujeto principal de la explotación y opresión contemporáneas, por lo que nos asumimos como una corriente pro obrera, ligando nuestro esfuerzo de lucha al de las trabajadoras y trabajadores.

¡Contra la explotación y la opresión imperialista! ¡Por un internacionalismo consecuente!

El signo del capitalismo de nuestra época es el del imperialismo: la expoliación y dominación de la mayoría de los pueblos y naciones del mundo por un grupo de países privilegiados. La transferencia sistemática de valores y riquezas desde las naciones semicoloniales o dependientes hacia los centros imperialistas es parte de la savia vital del sistema mundial capitalista, transferencia de recursos a través de los pagos de deuda a la banca imperialista, de las utilidades y ganancias de las corporaciones transnacionales que explotan los recursos y el trabajo de los países oprimidos, de la importación de los bienes producidos en los centros del capitalismo. Una expoliación de recursos que se traduce en la ausencia de recursos para necesidades elementales de los pueblos de los países semicoloniales, como salud, educación, vivienda o alimentación, desarrollo científico-tecnológico, deportivo, etcétera.

Pero no se limita al terreno económico, sino también al plano de la opresión política y militar, que va desde las formas “sutiles” de presión y sujeción de las decisiones de los Estados semicoloniales para que estos se mantengan en los márgenes de la geopolítica imperialista, hasta la intervención militar directa, como en Afganistán o Irak, Libia, pasando por variantes intermedias, según sea el caso y las condiciones (bases militares, golpes de Estado, etc.). Este mismo carácter imperialista del capitalismo de nuestra época puede decantar nuevamente, como a lo largo de la primera mitad del siglo XX, en conflictos bélicos o guerras inter-imperialistas, llevando a la destrucción y a la muerte al pueblo trabajador en nombre de la “patria” de los burgueses.

Los cambios relativos en la composición del origen territorial de los “más ricos” del planeta, con la incorporación en su ranking de varias corporaciones y algunos magnates capitalistas de los países semicoloniales o dependientes, no modifican el hecho fundamental de que el centro de las ganancias mundiales, el eje de los que tienen en sus manos el control de la economía y riquezas del mundo, sigan siendo las burguesías de los países imperialistas (EE.UU., Alemania, Inglaterra, Francia, Japón, Estado Español, Italia, etc.). En el caso de América Latina y el Caribe, la existencia de varias “translatinas” y la figuración de algunos burgueses latinoamericanos entre los más ricos del mundo, no cambia el hecho de que la región sigue siendo objeto de la expoliación imperialista, transfiriendo masivamente riquezas hacia los centros imperialistas y manteniéndose en el status de proveedor de materia prima y con un gran peso de las corporaciones imperialistas en “su” industria –allí donde hubo avances en ese sentido, como el caso de la fuerte industrialización “de Brasil”, detrás de la cual están en buena medida los capitales imperialistas como propietarios. Menos aún ha cambiado la gran concentración del poder político y militar en un grupo selecto de países que imponen su voluntad al resto del mundo.

Por eso el imperialismo no solo lo representan los EE.UU., como se pretende reducir desde el discurso oficial en nuestro país, la lucha consecuente contra el capitalismo imperialista no tiene que ver en modo alguno con un mundo “multipolar” o “pluripolar”, es decir, donde el mundo se lo repartan “equitativamente” varias potencias. Eso, además de ser utópico, es reaccionario, pues dejaría en pie lo fundamental del orden mundial imperialista. Luchamos contra todo imperialismo, contra todo capital imperialista, de “Occidente” o de “Oriente”.

Así mismo rechazamos de plano cualquier tipo de solidaridad y atadura “geopolítica” con gobiernos que, como los de China o Rusia, por ejemplo, aún cuando no sean “clásicamente” imperialistas, son regímenes capitalistas que viven de explotar y oprimir a sus pueblos y no llegan a ser imperialistas solo porque el mundo ya está repartido y se requerirían cambios drásticos y de magnitudes históricas para que puedan acceder a las cumbres del poder mundial capitalista, y de hecho, aspiran a eso. Igualmente rechazamos cualquier tipo de solidaridad con regímenes como los de Irán o Siria, que aún cuando circunstancialmente estén geopolíticamente en el lado opuesto del imperialismo estadounidense, no dejan de ser instrumentos de la más brutal explotación y opresión de sus pueblos por parte de las clases propietarias nacionales y las burocracias estatales –democráticas, monárquicas o religiosas­– asociadas a estas.

Somos antiimperialistas e internacionalistas, pues nos oponemos a la dominación imperialista y nos solidarizamos con las luchas de todos los pueblos oprimidos del mundo. Así mismo comprendemos el carácter mundial del capitalismo y por tanto la necesidad de combatirlo también mundialmente. Entendemos la necesidad de una organización internacional e internacionalista para la lucha por la revolución socialista, y afirmamos que la lucha contra el capitalismo en nuestro país no es sino una parte de una lucha que tiene alcance internacional y mundial: el capitalismo solo podrá ser derrotado definitivamente con el triunfo de la revolución socialista a escala mundial.

¡Plena independencia política frente a las instituciones del orden burgués!

¡Ninguna atadura a ningún proyecto ni liderazgo que sostenga la sociedad de explotación!

Para oponerse consecuentemente al actual orden social y mundial, debe tenerse la más absoluta independencia política respecto de aquellos que lo detentan y lo gestionan. Ningún tipo de confianza ni ataduras en las instituciones políticas y sociales de la sociedad capitalista y del imperialismo, ningún tipo de ataduras al Estado burgués y sus instituciones, ninguna confianza en los gobiernos y partidos que gestionan, o se proponen hacerlo, esta sociedad de clases. Ninguna expectativa ni confianza en la ONU, la OEA, UNASUR ni cualquier institución regimentada por los imperialismos o los gobiernos burgueses de la región.

Declaramos nuestra completa independencia política –y no solo organizativa– frente a todos los proyectos y partidos políticos patronales, frente al gobierno nacional, los gobiernos regionales y el Estado burgués en general.

En el caso específico de las universidades, tampoco se puede ser consecuentemente revolucionario y luchar contra el orden actual sin preservar plena independencia política frente a quienes las gobiernan. Tanto para luchar contra el capitalismo en general, como contra el régimen universitario burgués en particular, debe mantenerse una completa independencia política frente a las autoridades universitarias y frente al régimen universitario –lo que vale tanto para las universidades autónomas como para las que controla el gobierno nacional.

¡Por la democracia directa y la autoorganización en la lucha!

¡Por la autodeterminación de lxs explotadxs y oprimidxs!

Luchamos por la autoorganización y autodeterminación de las clases explotadas y sectores oprimidos. Los mecanismos asamblearios, de democracia directa, de delegados con mandato de las bases y revocables ante la misma, la participación directa de los trabajadores y trabajadoras, campesinos y campesinas, pueblos originarios, habitantes de los barrios y estudiantes en el destino de sus luchas, en la definición de los objetivos, los métodos y los ritmos de las mismas, sin imposiciones de burocracias ni dirigentes que no respondan a las bases. Apostamos al surgimiento y desarrollo de organismos y métodos de democracia directa para la lucha, para la autodeterminación de los explotados y oprimidos en sus luchas, como embriones a su vez de lo que serían los organismos de autodeterminación política generalizada cuando esté a la orden del día destruir el poder burgués y organizar la sociedad sobre el autogobierno del pueblo trabajador.

En ese sentido rechazamos el estatismo como supuesta aplicación del socialismo, pues la perspectiva revolucionaria y libertaria socialista se propone la supresión de las clases sociales y, por tanto, de todo Estado. Aún cuando quienes confluimos en esta agrupación estamos en proceso de profundizar discusiones sobre aspectos ideológicos y estratégicos sobre las vías y métodos para avanzar en la revolución social anticapitalista y la supresión de las clases sociales y el Estado, sostenemos este carácter de autodeterminación social y política de lxs explotadxs y oprimidxs en la apuesta revolucionaria contra el capitalismo, y entendemos como un eje indispensable la supresión de la propiedad privada capitalista como fundamento de la división de la sociedad en clases, y la necesidad de oponer al poder burgués organismos de poder propio de las clases explotadas, basados en la democracia directa, como miras a ejercer su autogobierno, como autodeterminación política generalizada.

II. LA IMPOSTURA “REVOLUCIONARIA” Y “SOCIALISTA” DEL PROYECTO DE CHÁVEZ

Las “conquistas sociales”

Cuando Chávez llegó al poder, de cada 100 venezolanos y venezolanas, 50 provenían de hogares en situación de pobreza, es decir, la mitad del país. Para el IIº semestre de 2011, luego de trece años gobernando, de cada 100 venezolanos 32 provenían de hogares en situación de pobreza. A finales de 1998, de cada 100, 20 provenían de hogares en pobreza extrema, reduciéndose a 9 de cada 100, a finales de 2011, según las cifras oficiales. Para el Ier semestre de 1999 –inicios del primer gobierno de Chávez–, las cifras oficiales hablan de una desocupación de 15%, en tanto que para el Ier semestre de 2012 se ubicó en 9%. En el ‘99 la mitad de la población ocupada lo hacía en el sector informal, cifra que se ubicó en 40% en 2012. El número de pensionados se triplicó, estableciéndose en los últimos años que el monto de las pensiones sea igual al del salario mínimo.

En comparación con los bajos niveles en que la crisis del puntofijismo dejó el acceso de la población a los servicios públicos de salud y educación, con Chávez se produjo un fuerte incremento –específicamente a partir de 2004, luego de seis años en el gobierno-, mediante la variedad de planes sociales que conocimos como “misiones”. Destacando la misión Barrio Adentro y demás del área de la salud –con participación masiva de médicos y especialistas de Cuba–, así como también las misiones educativas, a través de las cuales aumentaron en grandes porcentajes los niveles de escolaridad y, sobre todo, el acceso a la educación universitaria.

Cuando Chávez llegó al gobierno los precios del petróleo se encontraban bastante bajos, promediando unos US$ 7 el barril, sin embargo, al pasar de los años, producto de las necesidades del mercado mundial, de las invasiones imperialistas en Medio Oriente, de un ciclo de crecimiento de la economía mundial de varios años, y de políticas acordadas en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) –en las que el gobierno venezolano tuvo un rol impulsor–, se produjo un largo período de gran aumento de los precios, que con algunas fluctuaciones aún se mantiene; en los últimos años de gobierno de Chávez el promedio superaba los US$100. Con este soporte Chávez llevó a cabo reformas impositivas en el sector petrolero, renegociación de contratos y de esquemas accionarios (reservándose mayoría accionaria para el Estado en proyectos claves) con las trasnacionales imperialistas, así como reformas impositivas en general en el país, más un fuerte endeudamiento estatal, a partir de lo cual sostuvo durante los últimos ocho años diversas políticas de asignaciones económicas a los sectores más pobres de la población, así como de subsidios a los alimentos y medicinas, inclusive electrodomésticos y equipos para el hogar en los últimos años. Aumentando los niveles de consumo de las familias trabajadoras y pobres en general, logrando por estas vías una cierta recuperación del poder adquisitivo del salario.

Estos datos son parte central de lo que Chávez nombraba como “justicia social”, como “logros de la revolución” y que, ciertamente, han sido base real para el importante apoyo de masas que, aún con fluctuaciones y con signos de cierto agotamiento en el último período, mantenía después de catorce años en el gobierno.

Un país capitalista con grandes desigualdades e injusticias sociales

Estos aspectos, que bien pueden ser considerados “conquistas sociales” del pueblo trabajador y pobre, con relación a los niveles de pobreza y “exclusión social” heredados del régimen político anterior, son sin embargo datos parciales de la realidad de un país con enormes desigualdades e injusticias sociales, como cualquier país capitalista, y además subordinado a la expoliación imperialista. Luego de casi década y media en el poder, con un mayoritario y combativo apoyo de masas, y altísimos ingresos petroleros, estos datos muestran apenas parches (parciales y circunstanciales) a las injusticias y males propios del capitalismo semicolonial.

En el país hay más de 1,8 millones de hogares pobres (el 27% de los hogares), de donde proviene el 32% de la población, unas 9 millones de personas, casi medio millón de hogares (7% del total) están en pobreza extrema, el 9% de la población, unos 2,5 millones de personas que viven en hogares cuyo ingreso por persona es inferior al valor de la canasta de alimentos por persona. Cuando la medición oficial habla de pobreza crónica, es decir, aquellos hogares que no tienen cubiertas las necesidades elementales y además tienen un ingreso per cápita inferior a la canasta de alimentos per cápita, 750 mil hogares califican allí (el 11% de los hogares).

Mientras, siguen en pie las propiedades y ganancias de empresarios y banqueros, tanto nacionales como extranjeros, llevando los ricos y la clase media alta una vida ostentosa. Por eso aún esos datos muestran un cuadro parcial. Revisemos otros para ver con mayor claridad qué tipo de régimen social continuó y administró Chávez.

En nuestro país, después de casi década y media de supuesta “revolución”, el 20% más rico de la población se queda con el 45% del ingreso nacional, mientras al 20% más pobre le toca un mísero 6%. Si agrupamos al 40% de menos ingresos, suma apenas un 18% del ingreso nacional. Si abarcamos más, alcanzando al 60% de la población con menos ingresos, alcanzan solo un 34% del ingreso nacional. Es decir, mientras 5,6 millones de personas (el 20% más rico) disfrutan casi la mitad del ingreso nacional, otras 16,8 millones (el 60% de menores ingresos) deben repartirse apenas un tercio del ingreso. Si revisamos más específicamente la relación entre capital y trabajo, encontramos que para 2011, del total del Producto Interno Bruto (PIB) un 61% lo constituían las ganancias patronales y las rentas de los propietarios, mientras las remuneraciones a los asalariados solo constituían un 29% .

Mientras la burguesía nacional y una minoría de familias acaudalas tienen a disposición mansiones, cualquier cantidad de lujosas viviendas y lugares de vacacionar, tanto en el país como en el exterior, 700 mil familias tienen problemas de hacinamiento o precariedad en sus casas, más otras 2 millones que sencillamente no tiene casa propia. Así, el déficit de viviendas, que al iniciar el gobierno de Chávez era de 1,5 millones, hoy alcanza 2,7, es decir, afecta a 40% de las familias del país.

El gobierno publicita mucho los aumentos de salario mínimo anuales, mostrando como máximo logro el que este “está por encima de la canasta alimentaria”. Esto no solo es una muestra más de la miseria de “lo posible” de la supuesta “revolución”, pues le pone como techo a las aspiraciones de los explotados el que ganen lo suficiente para… ¡comer!, sino que es además una media verdad: los salarios se encuentran postergados hace muchos años carcomidos por una de las inflaciones más altas de la región, con un constante aumento del costo de la vida que deja siempre por detrás los míseros aumentos de salarios, cuando los hay, pues el gobierno publicita el aumento del mínimo mientras mantiene cientos de contrataciones colectivas vencidas hace años y sin discutir nuevos aumentos en vastos sectores de la administración pública, las empresas estatales o la educación y salud públicas. A su vez, el gobierno publicita el alto nivel de ocupación pero no dice que los porcentajes de precariedad laboral son enormes: el que de cada 10 ocupados 4 lo hagan en condiciones de informalidad no es un dato menor, pues son millones los trabajadores y trabajadoras que laboran sin ningún tipo de contraprestación salarial y beneficio contractual que no sea el simple salario básico.

No es menos importante destacar que en cuanto al problema campesino del acceso a la tierra, a pesar de la gran publicidad oficial, la políticas redistributivas han resultado completamente limitadas y timoratas, manteniéndose la concentración de la tierra en manos de terratenientes y empresas capitalistas (privadas o estatales), al tiempo que han sido asesinados alrededor de 300 campesinos y campesinas en lucha por la tierra, en la más infame impunidad, sin que haya habido terratenientes, ganaderos, militares ni políticos enjuiciados y presos por estos crímenes.

Menos pobres… muy parcial y circunstancialmente

 Una de las justificaciones históricas que se da el chavismo es haber reducido la pobreza general y extrema, con lo que, insistimos, se ve lo mísero del horizonte que le ofrece este proyecto a las mayorías explotadas y oprimidas: ¿es esto a lo máximo que pueden aspirar la clase obrera y el conjunto del pueblo empobrecido? Pero además, tal “logro” es también a medias y circunstancialmente.

Ya vimos antes –incluso con datos oficiales– cómo la pobreza en nuestro país persiste, en niveles completamente injustificables, al mismo tiempo que persiste la gran propiedad capitalista nacional y extranjera y sus negocios y ganancias. Ser “menos pobres” es muy parcial, tanto en números reales como en el hecho mismo de considerar superada la pobreza por el solo hecho de tener satisfechas necesidades básicas. Pero además es muy circunstancial, pues no obedece a ningún cambio estructural en la economía nacional, a sus relaciones de producción, a un cambio en la inserción del país en la economía mundial, sino a una coyuntura de altos precios petroleros, y un gran endeudamiento público: en el período 2009-2010 en que bajó la captación de renta petrolera, se comenzaba a ver un estancamiento en la dinámica de paulatina reducción de los índices de pobreza, e incluso tendían a comenzar a remontar. Más aún, como parte del “motor” de la política de asistencia social es el endeudamiento estatal, las necesidades de pagar los préstamos a los bancos y gobiernos capitalistas, llevará al gobierno a una política que hará recaer los costos sobre la clase obrera y el pueblo pobres, como por ejemplo las devaluaciones del bolívar, posibles aumentos de impuestos y contención salarial, lo que sin duda anuncia la vuelta, tarde o temprano, a niveles de pobreza “superados”.

No está de más señalar que el hecho que los sectores más pobres de la clase trabajadora o del pueblo en general dependan para sobrevivir de una ayuda estatal, es un horizonte totalmente miserable, y más aún cuando se lo vende como “justicia social” o, peor aún, como “revolucionario” y “socialista”. ¡No hay tal “justicia social”! Mientras la sociedad se siga basando en la explotación de la clase trabajadora, en el enriquecimiento de una minoría de propietarios nacionales y extranjeros, ¡no hay justicia social verdadera! ¡Rechazamos categóricamente que se pretenda mostrar la sobrevivencia de los más pobres con base a la ayuda del Estado capitalista como máxima aspiración popular! ¡No es de una moral de “pobres” ni “agradecidos” como se construirá la fuerza social y política para derrotar al imperialismo, los capitalistas nacionales y su Estado! ¡Los trabajadores y trabajadoras son los productores de la casi totalidad de la riquezas sociales y no tendrían por qué depender de ninguna ayuda! ¡Es la moral de productores de las riquezas, de explotados y robados por la clase capitalista y su Estado, la que permitirá abrir paso a un posicionamiento revolucionario de los trabajadores! Inculcar una moral de “pobres” y “agradecido” es totalmente reaccionario.

Entre la “justicia social” en los marcos del capitalismo… y el fortalecimiento del Estado burgués

Hay en todo el esquema y la lógica del chavismo un elemento que pierden totalmente de vista quienes desde la izquierda lo apoyan: y es que al tiempo que avanzaba en estos tibios elementos de redistribución de las riquezas (en realidad solo, y parcialmente, de la “renta pública”, pues ¡nunca metió mano en los bolsillos de los capitalistas!, la riqueza de los capitalistas nunca se “redistribuyó”), también Chávez avanzó en lograr una importante recomposición del Estado burgués venezolano –en crisis con la debacle del puntofijismo y el ascenso de luchas desde finales de los 80’s–, Chávez logró recuperar la legitimidad ante las masas del aparato de dominación burguesa, hasta pasivizar en buena media al pueblo que irrumpió a partir del Caracazo, incluso estatizando casi por completo al llamado “movimiento popular”.

Ver la “reducción de la pobreza” y hacer caso omiso a que de conjunto, estuvo en el marco de un proyecto que avanzó –seguramente ayudado también por este piso que le brindó apoyo real de masas– en fortalecer la autoridad, legitimidad y capacidad de acción del Estado capitalista, a costas de pasivizar, bloquear, controlar o incluso regimentar y “disciplinar” la iniciativa y acción obrera y popular, es tener un pensamiento completamente ajeno a las necesidades estratégicas de la revolución socialista.

 La “revolución bolivariana” y el “socialismo del siglo XXI”: conciliación de clases y limitado nacionalismo burgués

Es que el hecho que en nuestro país la gestión del orden burgués y semicolonial corra por cuenta de un proyecto político y un gobierno que se autodenomina “revolucionario” y “socialista”, al cual le cedió la abrumadora mayoría de la izquierda nacional –tradicionalmente reformista y adaptada al orden burgués–, hace necesaria una clara delimitación, y develar lo que en realidad es una gran impostura.

El proyecto del chavismo no pasa de ser una reedición –con sus particularidades, por supuesto, y no necesariamente más “de izquierda”– de los proyectos nacionalistas burgueses que conocimos en América Latina a lo largo del siglo XX, cuyo esquema central era “desarrollar” la nación de la mano de sectores burgueses “nacionalistas”, ganando cierto margen de acción frente a los gobiernos imperialistas, aunque manteniendo lo fundamental de la dominación de los capitales imperialistas, apoyando a la burguesía nacional con la transmisión de la renta nacional (proveniente de las actividades primario exportadoras, bien fueran minerales, hidrocarburos o agrícolas) o mediante acuerdos con capitales extranjeros “aliados” del “desarrollo nacional”. En cualquier caso, un supuesto “desarrollo nacional” basado en la continuidad de la propiedad privada capitalista, es decir, proyectos burgueses, tibios “nacionalismos” fundamentados en la continuidad de la explotación del trabajo… que por supuesto jamás llevaron a la “liberación nacional” ni mucho menos la emancipación social de las mayorías explotadas, empobrecidas y oprimidas.

El objetivo más “ambicioso” del proyecto de país propuso Chávez es un supuesto “desarrollo nacional”. ¿Cómo? “Sembrar el petróleo”: usar la renta petrolera para desarrollar la agricultura y la industria nacional, convertir la renta en capital. “De la Venezuela rentista a la Venezuela productiva”. Objetivos que de paso quedan solo para el discurso, ninguno se cumple ni está camino a cumplirse, porque los capitales imperialistas siguen exprimiendo nuestros recursos y porque la preservación de las propiedades y ganancias de los capitalistas nacionales impiden cualquier aprovechamiento social progresivo de los recursos (el “desarrollo de las fuerzas productivas”).

Chávez siempre pidió una burguesía “con conciencia del interés nacional”, que apoyada desde el Estado mediante la transferencia de renta petrolera se desarrollase como clase “productiva” y “emprendedora”. Dejó claro siempre que su proyecto no contemplaba de ninguna manera la abolición de la propiedad burguesa y, al contrario, proponía acuerdos y alianzas con el empresariado nacional (como por ejemplo al entrar al Mercosur que se orientó a seducir a los empresarios nacionales con las posibilidades de negocios que se le abrirían, política continuada ahora por Maduro que ofrece desde el Estado las más variadas facilidades a los capitalistas nacionales con “vocación exportadora”).

Y es por toda esta lógica burguesa, “desarrollista”, “nacionalista”, que el dinero destinado en estos años para atender las situaciones más graves de miseria y de pobreza, y para la salud y educación, ¡no ha venido de afectar las ganancias capitalistas sino fundamentalmente de la alta renta petrolera (y endeudamiento) públicos! Es que, como la oposición burguesa, Chávez nunca se imaginó ni se propuso una sociedad sin empresarios ni banqueros, sin explotación patronal.

¡Los revolucionarios y revolucionarias queremos que las masas explotadas ganen las fábricas, las calles y los campos mediante su acción y movilización combativa contra el poder económico y político de este sistema! Este gobierno solo quiere proletarios y proletarias trabajando, no luchando, los quiere votando en las elecciones, en marcas controladas por el gobierno y en actos oficiales, en publicidades sonriendo por el aumento de la productividad en las empresas estatales, los quiere “agradecidos”, pero no desarrollando colosalmente sus métodos de lucha y su fuerza política de forma independiente y clasista, muchos menos los quiere desatando su iniciativa revolucionaria para hacerse con el poder real y cambiar las cosas de raíz.

Un gobierno para la estabilización de la sociedad burguesa

El rol histórico que vino a jugar Chávez ante el quiebre del régimen de dominio burgués que había en el país desde el ’58, ha sido el de estabilizar la situación, no de desarrollarla en sentido revolucionario, sino al contrario de canalizarla y desviarla hacia un cambio de régimen y un proyecto de país parcialmente distinto al del puntofijismo.

Desde su primer discurso como presidente, en febrero del ’99, lo ha dejado claro: “tenemos que darle cauce a un movimiento que corre por toda Venezuela… es un pueblo que recuperó por su propia acción la conciencia de sí mismo y allí está clamando, en las afueras del Capitolio y por donde quiera que vayamos… aquí se desató una verdadera revolución, señores y yo tengo la certeza de que nosotros le vamos a dar cauce pacífico, que nosotros le vamos a dar cauce democrático… Ese pueblo necesita cauce… o le damos cause a esa fuerza o esa fuerza nos pasa por encima”. Y remataba: “No queremos más rebeliones”

Chávez fue consecuente en ese rol. Afirmaciones como esta pueden encontrarse en cualquier momento de su gobierno, incluso en los momentos de mayor confrontación como en el 2002.

Un régimen restaurador de la legitimidad y fortaleza del Estado burgués y sus Fuerzas Armadas

Por más discursos sobre el “poder del pueblo” y “superar el Estado burgués”, la verdad es que uno de los más importantes logros que ha tenido el régimen chavista, desde el punto de vista burgués, es recomponer la autoridad y legitimidad del Estado burgués. Un “logro” totalmente reaccionario.

Con la fuerte crisis política abierta en el país desde finales de los 80’s, que tuvo como gran punto de inflexión la rebelión social de febrero del 89, habían entrado en crisis de legitimidad ante amplias franjas del pueblo las instituciones de la democracia burguesa. La “justicia”, el parlamento burgués (entonces Congreso Nacional), las policías y el ejército, la propia Presidencia de la República, y hasta el mecanismo del voto, llegaron a tener gran desprestigio.

Se comenzaba a hacer evidente ante las mayorías trabajadoras que estas instituciones no estaban al servicio de “todos los ciudadanos” sino de los ricos, los capitalistas (tanto nacionales como extranjeros) y sus respectivos políticos de oficio. El odio hacia los cuerpos represivos del Estado burgués era síntoma positivo del desarrollo de la conciencia de clase de los explotados. Entre el ejército burgués y el pueblo trabajador había una gran separación marcada con sangre obrera y popular de la rebelión de febrero del ’89.

Hoy todas esas instituciones se mantienen en pie, casi todas apenas cambiadas de nombre, remozadas con apellidos “bolivarianos” y “socialistas”, pero cumpliendo en lo esencial el mismo papel de garantes de la sociedad burguesa. Chávez ha logrado disipar en gran medida el odio hacia las Fuerzas Armadas y logró que se relegitime la autoridad del Estado como “distribuidor de la riquezas” y aplicador de “justicia social”. ¡Incluso ex militares con responsabilidad en masacres del pasado (Cordero Lara, masacre de Cantaura, Rodríguez Chacín, masacre de “El Amparo” y los “amparitos”) son hoy diputados, voceros de la campaña presidencial de octubre 2012, y directivos del PSUV!

Por eso, mientras cierta izquierda miope plantea que había que apoyar a Chávez (y hoy a Maduro) porque su proyecto implica un avance de la conciencia política de los explotados, o porque su régimen representaba la posibilidad de un avance revolucionario a futuro, la realidad es todo lo contrario: Chávez inculcó una “amistad” del pueblo hacia la fuerzas represivas del Estado burgués y una confianza en este Estado de los capitalistas, lo que es un retroceso político en la conciencia de clase de los explotados; y la recomposición de la legitimidad y autoridad del aparato político de dominación burgués no brinda las condiciones para una revolución a futuro sino que la bloquea o prepara su aplastamiento.

Un régimen y una presidencia hostil a las organizaciones y luchas combativas de los trabajadores y el pueblo

Chávez se llegó a definir como “obrerista”, pero la verdad es que le incomodaban sobre manera las organizaciones y luchas realmente combativas y clasistas de los trabajadores. Si bien el chavismo no ha sido, por ahora, un gobierno de abierta represión generalizada a las luchas obreras y populares, sí hay criminalización de cientos de trabajadores, campesinos e indígenas por luchar con sus propios métodos, y hay duras represiones específicas hacia los sectores de vanguardia y combativos, buscando escarmentarlos.

La labor de desviar el fuerte ascenso obrero y popular que puso en jaque el régimen burgués anterior, no podría Chávez haberla llevado a cabo sino precisamente evitando chocar de frente con las organizaciones de masas, más bien apoyándose en ese masivo y fuerte descontento, coqueteando con promesas de “poder” para los de abajo y otorgando algunas concesiones parciales. A su vez, la alternativa que se propuso Chávez ante la crisis del puntofijismo es un régimen fundamentado en una figura presidencial fuerte capaz de “ordenar la casa” y negociar con las fuerzas desplazadas del régimen anterior y el imperialismo yanqui, para lo que necesitaba contar con un amplio apoyo de masas dispuestas a movilizarse en su respaldo. ¡Pero apenas Chávez logró asentar mejor su régimen y apenas comenzaron a darse luchas obreras por fuera de su control, afloró la coacción y la represión! Así mismo el gobierno mantiene una criminal complicidad con el sicariato terrateniente y patronal, que ha cobrado la vida de cientos de campesinos, decenas de obreros y hermanos indígenas, en la más campante impunidad.

Es que en su esquema de supuesto “desarrollo nacional” Chávez se reservaba el papel de ser él el que decidiera “dar” o quitar a los trabajadores y pobres, cuándo “dar”, cuánto y en qué condiciones. Por eso al lanzar el PSUV en 2007 se declaró abiertamente contra la autonomía de las organizaciones de los trabajadores; por eso se avanzó en leyes que le dan más potestad al Estado burgués de intervenir en las organizaciones de trabajadores; por eso la mayoría chavista de la Asamblea Nacional (en muchos casos con complicidad de la minoría de la oposición) desarrolló en los últimos años un entramado de leyes que criminalizan diversas formas de lucha obrera y popular en las más diversas ramas de la producción; por eso Chávez avaló las represiones de la Guardia Nacional hacia las luchas obreras (Sanitarios Maracay, petroleros de la CNPC, Petrocasa, etc.), y brindó su respaldo a Tarek William después que la policía de Anzoátegui asesinó a los dos obreros en la Mitsubishi; por eso con el discurso de “defender las empresas de un eventual ataque imperialista” o “saboteos”, impulsó los llamados “cuerpos combatientes”, grupos de trabajadores fieles al gobierno y la patronal estatal, entrenados por el ejército burgués para espiar a los trabajadores que se organicen con fines de lucha y para ¡“garantizar la continuidad operativa de la unidad productiva” ante cualquier paralización! (espías y rompehuelgas institucionalizados); por eso Chávez fue uno de los voceros de su gobierno que más directamente intentó desprestigiar y atacar discursivamente a los trabajadores de las empresas estatales o la administración pública cuando entraban en lucha abierta por sus derechos; por eso él mismo llegó a amenazar con la represión o militarización a diversos sectores de trabajadores estatales en lucha (empresas básicas, metro de Caracas, eléctricos, maestros, etc.), particularmente escandalosa fue la amenaza a los trabajadores de las empresas básicas, en Ciudad Piar en marzo de 2009, de que si iban a huelga “se las verían con él” y con toda la fuerza del Estado, así como con los “cuerpos de inteligencia”.

Dondequiera que ha habido luchas obreras que con sus propias reivindicaciones, sus propios métodos de lucha y sus propios dirigentes genuinos, intentan ir más allá de lo que el gobierno quisiera, el gobierno ha puesto en marcha las clásicas maniobras patronales para quebrarlas, llegando a la simple y llana represión (Sanitarios Maracay, Mitsubishi, Petrocasa, empresas básicas de Guayana, etc.) o combinando la represión con algunas concesiones cuando la fuerza de la lucha no le ha dejado otra opción (Sidor). Por la política de criminalización que viene desarrollando, hoy en la Venezuela “revolucionaria” hay cientos de trabajadores y trabajadoras con distintos juicios, regímenes de presentación o prohibiciones de actividad sindical o política, como represalia de la “justicia” por hacer participado de alguna medida de lucha. Si sumamos los campesinos y campesinas, así como habitantes de sectores populares e indígenas que están también judicializados por luchar, la suma pasa los mil.

Es la lógica de los nacionalismos y populismos burgueses: “dar” al pueblo cuando “hay para dar” y cuando este se moviliza controladamente tras el gobierno, pero golpear y “disciplinar” cuando “ya no hay para dar” o cuando los explotados luchan decididamente con sus propios métodos y fuerzas.

Los límites históricos del nacionalismo burgués… y su decadencia

El “nacionalismo” de Chávez se limitó a regatear mejores condiciones de subordinación ante los capitales imperialistas, no impidió que sigan explotando los recursos naturales y los trabajadores del país, ni bloquea la transferencia sistemática de recursos hacia los centros imperialistas, sino apenas busca que de las riquezas que estos extraen, le quede al Estado una porción mayor que antes, para “desarrollar la economía nacional” de la mano de empresarios venezolanos “nacionalistas” e incluso de determinados capitales imperialistas “amigos”.

Por eso, al igual que los adeco-copeyanos, el chavismo ha continuado enviando constantemente, y sin falta ninguna, millones y millones de dólares a las cuentas de los bancos imperialistas como pago de la deuda externa, paga jugosas “indemnizaciones” al capital trasnacional por la compra de empresas o acciones, destina recursos públicos para subsidiar a las corporaciones imperialistas que invierten en el gas, a las que exonera del pago de IVA e ISLR, a las petroleras imperialistas las hace socias permitiéndole ser dueñas del 40% de las acciones y del petróleo de las empresas mixtas, con contratos a más de 30 años, a muchas empresas imperialistas se les permite no pagar impuestos aquí sino en su país (tratados de no doble tributación), no solo se paga religiosamente la deuda externa sino que ha aumentado enormemente, comprometiendo como forma de pago incluso la futura producción petrolera, de hierro y de aluminio, y en nuestro país, como en cualquier otro país capitalista de América Latina, operan cientos de empresas imperialistas sacando ganancias constantemente. ¿De cuál “revolución antiimperialista” nos hablan?

Por eso en una ocasión, ante luchas salariales de trabajadores estatales, Chávez dijo que no le quitaría dinero a las misiones para pagar salarios, pero sí le quitaba dinero a los salarios o las misiones para dárselo a la banca imperialista. Por eso mientras destinaba grandes recursos para el Grupo Techint por la re-compra de Sidor, afirmaba no tener recursos para el contrato colectivo de los trabajadores de Sidor y para las inversiones que necesitan hace años nuestras empresas básicas. Para mantener buenas relaciones con el imperialista gobierno japonés y obtener un préstamo, el gobierno “obrerista” y “nacionalista” de Chávez combatió con saña y aplastó la lucha de los obreros de la Mitsubishi, contando con una brutal represión de la policía de Anzoátegui que cobró la vida de dos obreros, amenazando con meter la Guardia Nacional a la empresa y aprobando el despido de casi todos los dirigentes sindicales que estaban en la lucha. Es así que en la empresa mixta VENRUS se dan la mano la “Empresa de Producción Social Minera Nacional” y la trasnacional rusa Agapov para intentar meter en la cárcel a dirigentes sindicales por protestar contra las condiciones de trabajo y el terrorismo laboral. Es así como el gobierno ha garantizado las condiciones de explotación que impone la trasnacional petrolea china CNPC usando la Guardia Nacional Bolivariana para reprimir protestas de los obreros de la misma. En los momentos en que actualizamos este manifiesto (mayo 2013), ¡ocho trabajadores que encabezaban la lucha y fueron despedidos de la ensambladora de carros Zibechi, de capitales italianos, llevan 20 días detenidos en la sede de Carabobo del SEBIN (la policía política), producto de una componenda del gobierno con los capitalistas! Para garantizar los negocios con transnacionales mineras (de oro y carbón, por ejemplo), es capaz hasta de reprimir la resistencia de los pueblos originarios donde desean instalarse estos capitales (como los yukpa y barí en la Sierra de Perijá, o los Pemón en la Gran Sabana). Los ejemplos pueden seguir por montones. ¿Cuál “antiimperialismo” consecuente?

Y es que nuestro país no ha dejado de ser esencialmente una semicolonia con inmensos problemas económicos y sociales porque buena parte de sus riquezas se las chupan los capitales imperialistas, por las más diversas vías, con la anuencia del Estado y el gobierno.

Es que absurdo pensar que se emancipará la nación permaneciendo en los marcos del capitalismo y de la mano de sectores burgueses y su Estado. En esta época del capitalismo imperialista la única manera de ser el capitalismo en nuestro países es la de un capitalismo dependiente y semicolonial, no tiene caso soñar con un capitalismo “nacional” liberado de la dominación imperialista. Solo una revolución social anticapitalista puede abrir camino a la emancipación nacional.

Pero peor aún, en los últimos tiempos en los que se hace evidente la imposibilidad de seguir jugando a resolver la pobreza sin afectar la propiedad privada capitalista y los intereses imperialistas (volviendo con creciente fuerza movilizaciones por demandas salariales, por trabajo estable, por vivienda, etc.),  lejos de “radicalizarse” lo que hace el gobierno es girar a derecha, buscando reducir las fricciones con el capital nacional y transnacional. Así vemos cómo el gobierno de Chávez sirve de aliado a la política de seguridad guerrerista y proiimperialista de Santos –llegando a labores de “inteligencia militar” común, persecución, apresamiento y entrega de militantes guerrilleros–, colaborando con un régimen que sostiene la explotación y miserias del pueblo colombiano a base del terrorismo de Estado , también brindó sus servicios a la estabilidad del orden regional proimperialista al reconocer al régimen postgolpista en Honduras, que se sostiene sobre la derrota del movimiento de masas y la represión y persecución abiertas con los trabajadores y el pueblo pobre. En esta lógica se inscribió el giro hacia el MERCOSUR, un proyecto burgués completamente alineado con la dinámica del capitalismo imperialista, que no es más que un “mercado común” detrás del cual están los intereses de los capitales imperialistas que operan en nuestra región, así como las principales burguesías latinoamericanas; un proyecto de esos en los que el gobierno muestra claramente, sin posibilidad de demagogia “revolucionaria”, su carácter burgués, pues se avoca a buscar todas las vías y facilidades a los burgueses nacionales para que “hagan buenos negocios” en el mentado mercado común, lo que ya viene declarando el gobierno, para “seducir” más a aquellos sectores burgueses nacionales que no están con el proyecto del gobierno.

En esa línea, el gobierno viene ofreciéndole a los capitales trasnacionales mejores condiciones para invertir en el país, haciendo reuniones oficiales y públicas en las que le ofrecen asociarse con el Estado –incluso con este en minoría accionaria­­­– para “ampliar la capacidad productiva” de estas “en las áreas de su interés” en el país y con facilidades por parte del Estado. Es decir, ¡digan dónde tienen interés en explotar recursos y trabajadores/as venezolanos/as que el Estado les brinda condiciones! Nada de extrañar de un gobierno que sacrificó los intereses de los trabajadores de la Mitsubishi Motors (Barcelona) en el altar de sus acuerdos con el capital imperialista japonés, y lo hace en general con cualquier lucha seria de los trabajadores contra capitales extranjeros “aliados” del gobierno, como en el sector del petróleo y gas donde defiende hasta con la Guardia Nacional Bolivariana los intereses de las transnacionales contra las protestas obreras.

Esto no hace más que mostrar los enormes límites del proyecto chavista para responder a las necesidades nacionales y sociales más profundas contra la dominación imperialista y la explotación capitalista. Muestra también la decadencia de un proyecto que en sus momentos de mayor apoyo de masas y “radicalidad” no fue capaz siquiera de producir algunas transformaciones importantes en la estructura económica y social del país capitalista, sino que mantuvo la subordinación al capital imperialista, las relaciones de explotación y la división de la sociedad entre ricos y pobres, entre poderosos  y gobernados, y ahora reduce la apuesta “nacionalista” y “desarrollista” buscando adaptarse más aún a las necesidades del capital imperialista y nacional. Al tiempo que exige a los trabajadores ser “responsables” con sus exigencias y criminaliza las luchas que se salen del carril del “socialismo con empresarios”.

Y el mayor fraude de esta supuesta “revolución” es que reduce su apuesta precisamente cuando el mundo se encuentra en los inicios de un período de profunda crisis económica del capitalismo y de fin de la estabilidad burguesa e imperialista que logró la ofensiva neoliberal, con procesos de lucha y movilización de masas (Grecia, Egipto, Túnez, Siria, Chile, Estado Español, Francia, Portugal, Italia, Sudáfrica, Camboya, Bangladesh, etc.) que comienzan a señalar la entrada en un nuevo período de grandes batallas sociales contra los males generados por el capitalismo imperialista, es decir, justo cuando las condiciones para apostar al triunfo de la revolución social se van haciendo más actuales.

III. LA OPOSICIÓN BURGUESA: “LIBERTAD” Y “DEMOCRACIA” AL SERVICIO DEL CAPITAL Y EL IMPERIALISMO

Por supuesto que los estudiantes y jóvenes trabajadores de este país, como el conjunto de los oprimidos, tampoco podemos esperar nada “progresivo” en la fracción burguesa que le disputa el poder al gobierno actual. Si el nacionalismo burgués, tibio y degradado, que hoy dirige el gobierno, apenas da para “atenuar” parcial y circunstancialmente los niveles de pobreza, desempleo, precarización laboral, bajos salarios, déficit de viviendas, los problemas eléctricos, la descomposición social, etc., y no ha podido solucionar las demandas elementales de las mayorías oprimidas, es un disparate pensar que estas reivindicaciones vengan de la mano de partidos orgánicos del empresariado y el capital imperialista. Por cierto son los mismos partidos y otros derivados, surgidos por el desgaste político de los primeros, quienes tomaron las medidas antipopulares y fondomonetaristas que provocaron la grave crisis que se abre en los ’80s y ’90s, con su expresión más clara en la explosión obrera y popular del “Caracazo” en el ’89, que fue ahogada a sangre y fuego por la policía, la guardia y el ejército, cuando eran ellos los que manejaban el establishment burgués. Estos partidos burgueses que hoy claman por “democracia”, son los partidos herederos del período de monstruosas represiones a la dirigencia sindical y campesina, desapariciones y escandalosas corruptelas.

Aunque tampoco es del todo cierto el relato oficial del chavismo de que estas décadas fueron de “puro neoliberalismo”, pues tan sencillo como que el neoliberalismo no es la única manera de llevar la sociedad capitalista, también con dosis de intervención estatal en la economía y “ayudas sociales” a los más explotados y pobres se lleva el capitalismo semicolonial, tal como hace el gobierno hoy y supieron hace e un tiempo los adecos y copeyanos.  Hay que apuntar que en sus primeros períodos de “booms” petrolero y hasta el “viernes negro” del ’83 el país se encontraba entre las democracias burguesas más “estables” del hemisferio, con la llamada “Venezuela Saudita”, y como subproducto del desvío y apaciguamiento del auge obrero y popular desarrollado a partir de la caída de la dictadura perezjmenista, los gobiernos del bipartidismo gestionaron una apertura a la educación pública, sistemas hospitalarios, de vivienda, ciertos subsidios a los sectores oprimidos, políticas sociales que antes como ahora buscaban hacer un poco “más llevadera” la vida de las masas en el capitalismo, es decir, apenas mínimos mejoramientos en las condiciones de vida en algunos sectores para garantizar la reproducción de la fuerza de trabajo y que las clases explotadas legitimaran así la sociedad de explotación, combinando estas “ayudas sociales” con la represión selectiva a líderes obreros y populares, o de la izquierda, usando todo el aparataje estatal y paraestatal (como las “bandas armadas” y “cabilleros” de Acción Democrática) para frenar a los sectores de trabajadores que se ubicaran más combativamente, aunque sin tener que enfrentar grandes sacudidas sociales. Sin embargo, esta realidad tuvo escasa duración, la declinación de los precios del crudo y la ofensiva neoliberal que significó un ataque en regla a las condiciones laborales, la precarización, los recortes al gasto social, las privatizaciones, los aumentos de los servicios públicos, fueron abriendo una fase de crisis aguda y una contraofensiva de las propia clase trabajadora, sus luchas directas, huelgas, marchas, las manifestaciones estudiantiles, y en fin, un importante auge de luchas que fue debilitando el sistema democrático burgués a partir de la rebelión del 27 y 28-F del ’89 y la efervescencia obrera y popular que le siguió.

Son estos partidos los que hoy hablan en nombre de la “democracia” y la “libertad”, quienes aplicaron planes hambreadores para favorecer las utilidades de los capitalistas nacionales, el capital foráneo y asfixiar el bolsillo de los trabajadores y pobres, con los índices de una pobreza general del 50%, una extrema del 20% para 1998. Entre otros acuciantes males sociales que dejaron los años nefastos del neoliberalismo.

Los sectores de la derecha que pulsean en el terreno político e ideológico con el gobierno nacional, además de su falaz “democracia” tienen el cinismo de exigir “libertad”, pero no las libertades democráticas que el pueblo trabajador necesita conquistar para luchar por demandas salariales, empleo, seguridad social, viviendas, contra la tercerización, destruir este sistema y reorganizar la sociedad sobre las bases de un sistema verdaderamente justo, sino la “libertad” a los empresarios de acumular ganancias y explotar trabajadores sin restricciones ni controles. El conocido “libre mercado” que necesita un “mini Estado” que no intervenga en la formación de precios, controles y regulaciones a la economía capitalista, para acrecentar ganancias con plena “libertad” para los explotadores. En otras palabras, privatizaciones y más libertad a los capitales, una guerra del capital contra el salario sin tantas “mediaciones” o “límites”, la maximización de las ganancias patronales a costa de aumentar la explotación y la miseria. ¡Y se atreven a decir que la prosperidad de la clase dominante, será luego el “progreso” de todos! ¡Una total falacia! Por esta razón, de acumular incesantemente, no se cansan de acusar al gobierno de que supuestamente “asecha” la propiedad privada, que “ahuyenta” la inversión, que sus medidas les producen “pérdidas”, la “escasez” de divisas, etc., lógica que este gobierno igual se traga, para aprobar las medidas que mejor favorecen a sus intereses privados.

A pesar de esta falacia, no es menos cierto las denuncias que sus voceros le dirigen al gobierno central por su discrecionalidad y arbitrariedad en el poder, e incluso reforzando la concentración de los poderes en la figura presidencial. Pero la oposición solo cuestiona el recorte de ciertas libertades democráticas y las arbitrariedades del gobierno en la medida en que incomodan o complican su propia pugna por el poder político, no porque esté interesada en las libertades democráticas que permitan la organización y lucha de las clases explotadas y el pueblo pobre. Es por eso que apenas “contrapone” como modelo “democrático” un “sistema de partidos”, o un supuesto “equilibrio de poderes”, donde se turnan varios partidos o personajes, para igual mantener la dictadura del capital. Pero además, es un completo descaro y cinismo que los elementos discrecionales del gobierno chavista los denuncie esta oposición heredera de las represiones, torturas y el conjunto de las injusticias y penurias sociales del puntofijismo. La misma oposición burguesa que junto al imperialismo yanki consumó una reacción en abril de 2002 para sacarse de encima al militar que venía con un verbo “radical”, con un proyecto de ciertas reformas, de intervenir más en la economía, etc., ante eso la derecha se aventuró a lanzar un golpe el 11 de abril, el 12 de abril se autoproclama el nefasto Carmona Estanga, presidente de la principal patronal FEDECAMARAS, se suspenden las garantías constitucionales, es disuelto el parlamento, son destituidos los miembros del “viejo” gobierno, al igual que los cargos de los poderes públicos, junto a estos golpistas estaban la iglesia católica, los gremios empresariales, las transnacionales, una parte de la oficialidad militar, mientras a las fueras se desataba la brutal represión contra todo lo que pareciese a “chavismo” e izquierda. Una conspiración que es derrotada por la acción contundente y masiva del pueblo pobre y la clase trabajadora que le mostró sus garras a la reacción burguesa proimperialista.

Luego de esta gran demostración de combatividad de los explotados y oprimidos, el propio presidente Chávez que es devuelto al poder por la movilizacion obrera y popular desplegada en las calles, se sienta a negociar con los golpistas, un “dialogo nacional” que terminó preparando el terreno a los partidos opositores y la patronal para reorganizar la reacción, que el 2 de diciembre de ese mismo año se lanza esta vez un paro-sabotaje-petrolero como medida para hacerse con el poder, donde la clase trabajadora jugó un papel clave en enfrentar el “lockout patronal”, expulsando a las gerencias comprometidas en el paro y estableciendo el control obrero de la producción y distribución durante varios días en las refinerías de Puerto La Cruz y El Palito. Fue una enorme lucha de 63 días, con movilizaciones y enfrentamientos callejeros que dejaron el saldo de heridos y muertos. ¡Los trabajadores no deben olvidar nunca a sus verdugos!

Y si es el gobierno chavista y no la oposición quien encabeza hoy las acciones represivas es sencillamente porque la oposición no está a la cabeza del Estado.

La “alianza” de los partidos que hoy están representados en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), estos enemigos del pueblo humilde y trabajador , en medio del malestar social y la perdida de popularidad de esta supuesta “revolución” y “socialismo con empresarios”, intentan atraer ese descontento para su juego de falsas ilusiones de “progreso” y orden social, donde existe el “progreso” sólo para los de arriba y “orden” para los de abajo. Parafraseando a Alí Primera, “no te dejes engañar cuando te hablen de progreso, porque el pueblo trabajador se queda flaco y ellos aumentan de peso”.

Por eso dejamos bien claro que estos políticos burgueses son funcionales a este orden de explotación, tienen por común denominador con el gobierno actual, con sus matices y diferencias, administrar este orden semicolonial y de dependencia imperialista, de elevar sus niveles de ganancia, de permitir a los empresarios explotar más, de precarizar mucho más y abrir las puertas de par en par a la explotación del capital extranjero.

Entre tanto, esta agrupación juvenil se propone pelear codo a codo con los trabajadores y el pueblo pobre para luchar por sus conquistas democráticas y bregar más aún por un gobierno propio de los explotados para su autoemancipación, avanzar en su organización política y blandir su lucha contra las distintas variantes patronales, reformistas o burguesas, hasta cambiar este sistema de raíz. ¡¡Porque los jóvenes, estudiantes y trabajadores, que luchamos por construir un mundo sin opresores ni oprimidos no podemos esperar nada “progresivo” de esta oposición burguesa, neoliberal, y proimperialista!!

V. POR UNA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA EN LAS UNIVERSIDADES

El movimiento estudiantil universitario: entre “demócratas” al servicio del capital y “revolucionarios” a favor del poder burgués

El movimiento estudiantil de nuestras universidades al igual que en el ámbito político nacional, se encuentra hoy polarizado en casi todos lados, entre quienes se oponen al gobierno en nombre de la “democracia” y la “autonomía”, respondiendo e identificándose con la oposición burguesa, que tiene un programa abiertamente antiobrero y antipopular, de este modo se posicionan a favor del régimen antidemocrático imperante en las universidades autónomas, donde reina una casta aristocrática del saber, que se adjudica la monopolización de la verdad, por tanto los únicos capacitados de saber qué es lo mejor para “todos”, esto se traduce en el fortalecimiento de la lógica que reinan en las universidad como institución, como lo es la producción y legitimación del saber que crea y fortalece el orden de cosas establecido, de modo que genera un conocimiento para el consumo, es decir, al servicio de los intereses del mercado, que es una cosa digna de la sociedad capitalista en la cual vivimos.

Por otro lado, los grupos que, diciéndose “revolucionarios” y “socialistas” se encuentran adaptados a la religión bonapartista/estatista que asume las banderas del desarrollismo burgués, donde cada “avance democrático” en el acceso la educación universitaria o en el régimen interno de las universidades, que esconde y enmascara como conquista de los oprimidos y explotados un aumento del poder, control e influencia del Estado burgués sobre las instituciones universitarias y sus miembros, para la consecución de sus objetivos, como lo es, perfilar las disciplinas y áreas de conocimiento a lo que la “producción y el desarrollo nacional” necesite. Pero estas “necesidades” están dictadas por la lógica de ganancia y acumulación capitalista, tanto en las empresas privadas como estatales, tanto en las nacionales como transnacionales. Por eso estos grupos asumen los intereses del Estado por encima de las razones de lucha de los explotados, oprimidos, subordinando las luchas, a las necesidades políticas del Estado-gobierno.

Así que mientras denuncian el régimen antidemocrático de las universidades autónomas y hasta apoyan la intervención estatal  para “democratizarlas”, no dedican la misma energía a denunciar el régimen también completamente (y hasta más) antidemocrático de las universidades controladas por el gobierno, ni mucho menos desarrollan acciones de lucha y acción directa para combatirlo; demostrando que, en el fondo, no les preocupa tanto el régimen antidemocrático de las autónomas como el hecho de que no sean parte del proyecto desarrollista burgués del gobierno.

La institución universitaria y la legitimación religiosa del capitalismo

En las universidades autónomas, y en los no controladas directamente por el gobierno, unos de los argumentos “fuertes” esbozados por aquellos sacerdotes y monaguillos del saber que  vomitan una verborrea estólida e hipócrita en las salas de confesión llamadas aulas, es que la universidad es un ámbito académico y no político, por tanto no pueden aplicarse criterios democráticos, de libertad e igualdad, etc., ya que son ajenos y extraños a la sabiduría lumínica universitaria, pero ¿verdaderamente es así? ¿La universidad es a-política? ¿La universidad está cubierto por un velo angelical que le hace estar más allá del bien y del mal?…  La universidad es expresión de la sociedad dividida en clases en la cual esta insertada, es decir, su función es legitimar el conocimiento mediante el cual, el sistema se reproduce así mismo.

En el caso de la Universidad Central, por ejemplo, ¿es “la casa que vence las sombras”?… ¡no, es la sombra misma, que hay que vencer! La universidad es presentada como aquel espacio neutral, donde se aspira obtener la luz del conocimiento riguroso, así formando a los estudiantes como personas “íntegras”, que poseen un conocimiento útil para la sociedad. Pero entiéndase que  esta “utilidad” es la instrumentación del conocimiento para reproducir las estructuras existentes de modo que, está orientada a un saber positivo que descansa y funciona bajo cánones de exclusión y represión. ¿La universidad está más allá del bien y del mal?… ¡No, esta establece la distinción entre lo bueno y lo malo, entre lo justo y lo injusto, lo bonito y lo feo según un criterio de conformidad social! De este modo queda claro que no hay nada más político que la universidad, por tanto esta es un espacio necesario a ser conquistado por  los oprimidos, explotados y marginados de esta sociedad,  para ponerla a funcionar a favor de los trabajadores y trabajadoras, campesinxs y el pueblo pobre en general, en su lucha para la conquista de lo “imposible”.

Un programa democrático radical para las universidades

En las universidades autónomas debemos movilizarnos contra el régimen político aristocrático y hacer peso para que se hunda, pero no a manos de ninguna intervención del gobierno sino para dar paso al poder de las bases estudiantiles, de obrerxs, empleadxs y profesorales.

Voto universal: 1 persona = 1 voto

Ninguna proporción del voto, ninguna exclusión de ningún sector o miembro de la comunidad universitaria. Nuestro voto vale igual para elegir presidentes, diputados, gobernadores y alcaldes, debe valer igual para elegir autoridades universitarias. ¡Nuestra opinión no vale 0,031%! ¡La opinión de los profesores instructores y contratados, de los obreros y empleados no vale 0%! Derecho de todos y todas a votar en igualdad de condiciones.

Derecho de todas y todos a ser electos

Las elecciones de autoridades universitarias son en realidad las legitimación de la casta profesoral, pues mientras cada gremio universitario tiene sus instancias representativas a las cuales elige, cuando se trata de definir las autoridades que gobiernan sobre toda la universidad y sobre todos los gremios, solo los profesores con escalafón pueden presentar candidatos y definir la elección.

Tampoco basta con el derecho a elegir si no se puede ser elegido. Obtener el derecho a votar en igualdad de condiciones pero pudiendo elegir sólo de entre los candidatos de una casta sería una democratización a medias. La “ciudadanía” es incompleta si solo el profesorado con escalafón puede proponerse como dirección de la universidad, si solo ellos tienen el derecho a postularse para gobernar. Estudiantes, trabajadores académicos y no académicos, debemos tener derecho a organizarnos libremente para disputar la dirección de las universidades. Y no necesariamente manteniendo los compartimentos corporativos que rigen hoy, sino que también poder organizarnos transversalmente: es decir, poder postular equipos rectorales o de autoridades mixtos, donde confluyan estudiantes, docentes, empleados y obreros en una misma propuesta, agrupados de acuerdos a sus posiciones ideológicas y políticas. Esta agrupación de acuerdo a afinidad ideológica y política, para disputar la dirección de la universidad, es de hecho lo que hoy ocurre, solo que los únicos que pueden hacerlo son el grupo reducido de profesores y profesoras con escalafón.

¿Un empleado rector? ¿Un obrero decano? ¿Un estudiante como autoridad universitaria?

El pensamiento conservador del status quo reacciona automáticamente contra esta idea de plena ciudadanía en la universidad. Nos limitaremos a algunos ejemplos o argumentos específicos. Una persona perteneciente a la clase trabajadora, la clase más grande del país, la que lleva sobre sus hombros la producción de riquezas, ¿por qué no puede estar a la cabeza del gobierno de una institución que juega un papel político y social tan importante como la universidad? Sí puede ser diputado o diputada, ¿pero no puede formar parte del gobierno de una universidad? ¡Incluso puede un obrero llegar a gobernar un país de 190 millones de habitantes, como Brasil! ¿Pero no puede ser rector de una universidad?

En el caso de los y las estudiantes opera algo similar. A partir de los 16 y 18 años, según sea el caso, se puede legalmente ser parte del aparato productivo del país, es decir, ofrecer o emplear su capacidad de trabajo para producir riquezas, en un contexto de guerra se puede “defender la patria”, es decir poner en juego su vida “por el país”, o en “tiempos de paz”, puede formar parte de los cuerpos represivos (de “orden público” y “seguridad ciudadana”) y arma en mano garantizar la “paz” y “tranquilidad” de esta sociedad, también se puede postular para ser diputado o diputada nacional, y de ser electo, podría incluso ser presidente o presidenta de la Asamblea Nacional. Todo eso sí, ¿pero no puede ser autoridad universitaria?

Composición proporcional de los órganos de gobierno

Abajo la exclusión en los órganos de gobierno y “co-gobierno”. La enorme sobrerrepresentación de los profesores con escalafón y la exclusión de instructores, contratados, empleados y obreros, son una de las bases del autoritarismo del régimen universitario. Todas las instancias de gobierno deben estar conformadas por representación de todos los sectores de la comunidad, en proporción al número real de sus miembros en la comunidad.

Revocabilidad permanente de todos los cargos

El gobierno de la universidad debe estar sometido a la voluntad de la comunidad, de las bases universitarias, por lo que todos los cargos deben poder ser revocables en cualquier momento por sus respectivas bases. Las elecciones son apenas una fotografía de un momento de la voluntad política de las bases, esa conciencia política puede variar, puede modificarse con el tiempo o con situaciones nuevas, el elegido o la elegida pueden distanciarse de las bases que la votaron, y muchas otras variantes. Para que la voluntad de los “representantes” no se ponga “por encima” de los “representados”, la revocabilidad en cualquier momento que las bases lo decidan es una condición necesaria.

Asambleas como máxima instancias de decisión y autodeterminación

Los cuerpos de gobierno y co-gobierno no pueden ser unas instancias que una vez electas gestionen sin contar con la opinión y voluntad de las bases de la comunidad. Para todos los asuntos, decisiones y situaciones trascendentales, la figura de los debates y decisiones en asambleas debe ser la norma. Asambleas por escuela, facultad y dependencia, como máximas instancias de decisión y de soberanía política de la comunidad.

¡Ni en manos de una casta privilegiada, ni en manos del gobierno nacional!

¡Democracia directa! ¡Organización, Autogobierno y movilización desde abajo!

¡Por una universidad al servicio de las luchas e intereses de los trabajadores y el pueblo pobre!

VI. LA OPRESIÓN DE LA MUJER Y LA DISCRIMINACIÓN/OPRESIÓN POR ORIENTACIÓN SEXUAL

Contra la opresión de género

Este sistema social es continuador de la opresión que pesa sobre las mujeres desde hace siglos, conservando formas tradicionales de opresión y/o agregando nuevas, a la vez que agrega a un sector de mujeres el peso directo de la explotación capitalista.

La opresión de género en nuestro país (y en general en América Latina y el Caribe) tiene su expresión específica –además de los aspectos de subjetividad y construcción simbólica más o menos comunes en todo el mundo patriarcal y masculinocentrado– en la muerte de cientos de mujeres al año –cinco mil en toda la región– al practicarse abortos clandestinos (en razón de su ilegalidad y criminalización), otras son enjuiciadas o encarceladas, condenadas y perseguidas socialmente (en los trabajados precarios te pueden despedir si sales embarazada, o no te contratan, en los liceos te cuestionan y señalan si sales embarazada, pero si exiges y usas métodos anticonceptivos también eres señalada, si quieres interrumpir un embarazo no deseado también eres “culpable”); en la esclavitud doméstica de millones, condenadas por el capitalismo a cumplir su parte, sin remuneración alguna, en la reproducción de la fuerza de trabajo, destinadas a realizar el trabajo del hogar que permita a los esposos varones, a los hijos e hijas, cumplir con las tareas productivas del capitalismo; en la doble jornada de las mujeres proletarias que, además del trabajo por el que reciben un salario, deben ocuparse también de las labores domésticas; en la desigualdad de salarios por el mismo trabajo que los varones y en la feminización de la pobreza, siendo que cada vez crece más la proporción de pobres mujeres; en el acoso laboral por parte de jefes varones; en la violencia doméstica, el asesinato de mujeres a manos de sus parejas o exparejas (llegando al  fenómeno de feminicidios en algunos países); en la cosificación del cuerpo de la mujer como propaganda para la venta de las más diversas mercancías capitalistas; en la trata, donde la mujer es degradada al máximo a la simple condición de cosa con valor de cambio, secuestrada y ultrajada para “placer” de grupo selectos de ricos y mafiosos.

El combate a estos aspectos de la opresión de la mujer latinoamericana requieren de la lucha por el acceso gratuito y masivo a los anticonceptivos, por el aborto legal, seguro y gratuito, garantizado por la salud pública; de la lucha por la implementación masiva de guarderías, comedores y lavanderos públicos, con trabajo remunerado, donde trabajen por igual hombres o mujeres; la lucha contra las políticas patronales-capitalistas de desigualdad salarial y precarización laboral (trabajo a destajo, sin contrato o subcontratadas, etc.); de la lucha por un transformación radical de las instituciones que monopolizan la “justicias” y el uso de las armas, la coacción y la represión social; y de la destrucción misma de la sociedad basada en la creación de valores de cambio y la mercantilización de todos los aspectos de la vida social y las personas, incluido el cuerpo.

Particular importancia tiene el derecho al aborto y a una educación sexual libre de prejuicios religiosos y machistas. Es sabido que a las mujeres de clase media alta o de las clases propietarias, su condición de clase les puede permitir sortear mejor los riesgos de muerte por abortos clandestinos o de tener que someterse a ser “paridoras” ante la imposibilidad del aborto, al contar con los recursos económicos y sociales (culturales también) para garantizar interrupciones de embarazo en condiciones sanitarias adecuadas, aunque eso no implique que no se puedan ver sometidas a situaciones de sujeción o degradación de la mujer –precisamente por el carácter clandestino y criminalizado del acto. Más dramática se hace esta cuestión para las mujeres trabajadoras y/o pobres. La criminalización del aborto en nuestros países, adquiere un carácter de clase, porque el peso de sus consecuencias recae con prioridad sobre las mujeres que no pueden costearse un aborto clandestino en condiciones sanitarias adecuadas: quienes mayoritariamente se ven las caras con las muertes y criminalización, o con la condena a ser mujeres paridoras, son las proletarias y/o pobres.

¡Por los derechos sexuales y reproductivos de la mujer! ¡Acceso gratuito y masivo a los métodos anticonceptivos y a la educación sexual y reproductiva científica, libre de prejuicios religiosos que terminan siempre condenando a la mujer! ¡Derecho al aborto legal, seguro y gratuito!

Levantamos bien en alto las banderas de lucha contra la opresión (y explotación) de la mujer.

Contra la discriminación por orientación sexual: ¡respeto y plenos derechos a la sexo-género-diversidad!

Reivindicamos el derecho al pleno ejercicio de la libre orientación sexual e identidad de género, así como los derechos económicos, sociales y políticos para todos y todas por igual. Rechazamos cualquier tipo de prejuicio y discriminación en razón de la orientación sexual, que no pueden ser sino expresión de retrógradas e ignorantes concepciones religiosas, obra de sectas que se proponen imponer “normas” de relacionamiento sexual-afectivo-emocional y familiar al conjunto de la sociedad.

Es completamente  reaccionario pretender imponer a toda la sociedad la heteronormatividad sexual, que no se corresponde con ninguna “naturaleza humana”, sino que al contrario bloquea y suprime el libre desarrollo de las capacidades, instintos y necesidades tanto naturales como sociales que con que contamos los seres humanos. Esto bloquea las diversas posibilidades y combinaciones del quehacer sexual, afectivo, emocional, de convivencia.

Estamos por tanto por el apoyo a las reivindicaciones de la comunidad GLBTT, por el reconocimiento legal de las uniones entre parejas del mismo sexo para quienes así lo deseen, y el reconocimiento de todos los derechos económicos, legales, familiares y de seguridad social que de allí se deriven. ¡Por la legalización de las uniones ente parejas del mismo sexo que así lo deseen! ¡Por el derecho al matrimonio igualitario! ¡Por el reconocimiento de plenos derechos de seguridad social derivados de las relaciones laborales para las parejas del mismo sexo!

Actualmente ninguna de las principales fuerzas que se disputan el control del país tiene un programa para combatir realmente contra este lastre social de la discriminación, violencia material y simbólica, opresión cotidiana, e incluso los crímenes de odio, que se cometen en el país. No levantan siquiera la demanda básica del derecho al reconocimiento legal de las uniones y sus derechos económicos y sociales, y al contrario, en mayor o menor medida, se subordinan por completo a los intereses y lógicas opresoras y reaccionarias de las iglesias católicas y evangélicas. La oposición tiene importantes puntos de apoyo en las cúpulas de la iglesia católica y los sectores de “fieles” más reaccionarios en la misma. El gobierno tiene importantes ligazones y apoyo en las variadas iglesias evangélicas, que hacen movilizaciones reaccionarias contra el aborto y la homosexualidad.

El gobierno, muy tardíamente, después de más de una década gestionando el Estado, sus leyes y sus contenidos educativos y culturales, hizo en algún momento la pose “avanzar” en ese sentido, cuando Chávez, en medio de la campaña electoral de 2012 llegó a hablar de la “inclusión” de las personas homosexuales, pero justamente no fue más que una pose, ¡ni un solo paso concreto!, al contrario, los principales voceros del gobierno –incluyendo al ahora Presidente, Nicolás Maduro– siguen haciendo gala de un discurso machista, sexista y homofóbico en su puga retórica con la oposición, fortaleciendo los elementos de estigmatización, discriminación y violencia simbólica contra la población no heterosexual.

En el terreno educativo, un aspecto clave para avanzar contra las raíces de la estigmatización, la discriminación y la opresión, este gobierno no ha dado el más mínimo paso, no es capaz de mostrar un solo avance, pues es totalmente incapaz de brindar una educación a los niños, niñas y jóvenes donde se combatan los prejuicios machistas y homofóbicos. El tema no es objeto de reflexión ni discusión en las aulas, incluso al hablar de personajes históricos cuya orientación sexual no fue heterosexual, ocultan deliberadamente estos aspectos, contribuyendo a naturalizar, al contrario, los sentidos comunes antihomosexualidad.

¡Por una educación verdaderamente libre y crítica, libre de prejuicios religiosos y opresores! ¡Por una educación científica, que haga justicia a la realidad histórica, que descubra a los niños y niñas los grandes personajes que no fueron heterosexuales, que contribuya a combatir desde las infancia los prejuicios opresores!

 

VII. EL CAPITALISMO Y EL DESPRECIO ECOLÓGICO

 

Para frenar el deterioro del planeta y la vida en la tierra: ¡arrancar a los capitalistas la propiedad y el control de la producción social!

La relación elemental, y a la vez diferenciadora, de los seres humanos con el resto de la naturaleza es el trabajo sobre esta para transformarla en función de nuestras necesidades. La transformación de la naturaleza, el desarrollo de técnicas para trabajarla, la invención de tecnologías para proveernos de aquello que necesitamos del resto de la naturaleza, es el sustento fundamental de nuestra vida en la tierra. Sin embargo, el desarrollo de determinadas tecnologías y su particular uso vienen causando graves problemas de contaminación ambiental y alteración de los equilibrios necesarios para el normal desenvolvimiento de los ciclos vitales en el planeta, es decir, alteraciones que van más allá de los procesos propios y ritmos naturales a los está sometido el propio planeta y la vida en la tierra –como aquellos procesos y cataclismos de millones de años atrás cuando no había ninguna tecnología humana que obrara sobre la naturaleza.

Esta acción humana que pone en riesgo la vida en el planeta, sin embargo, no es el producto “lógico” e inevitable del desarrollo de las tecnologías humanas en sí mismas, sino que es producto de la lógica de la producción y acumulación capitalista. No hay ninguna lógica “propia” de las tecnologías o industrias que “obligue” a la humanidad a usarlas de tal o cual manera, al contrario, estás tecnologías forman parte de una determinada organización de la producción social, lo cual es obra de los seres humanos, o más exactamente, de clases sociales determinadas. El cómo nos relacionamos con el resto de la naturaleza está hoy determinado por las necesidades específicas de la clase capitalista, que controla la propiedad de los principales medios con los cuales producimos y trabajamos la naturaleza, controlan el proceso de producción y le marcan sus ritmos, su alcance o límites, su orientación, etc., en función de la lógica del capital y su reproducción. El capitalismo es el régimen de producción de mercancías por excelencia, su fundamento es la propiedad privada, por eso, todo lo que pueda ser convertido en mercancía lo convierte, donde quiera que se pueda hacer negocio con algo lo hace, y cualquier actividad que produzca ganancias la desarrolla. Lo que importa es vender la mercancía, obtener la ganancia, que crezca el capital, y es en función de eso que se desarrollan o no, se usan o no, las tecnologías.

Y es esta clase social, con esta lógica, la que tiene en sus manos la gestión de la Humanidad, la que conduce el mundo. Por eso, afirmamos que la condición indispensable para avanzar hacia una relación más armoniosa con la naturaleza exterior a nosotros y para que la gestión de esta relación sea democrática, es arrancar de manos de los capitalistas la propiedad y el control sobre la producción y reproducción social de la vida, arrancarles la gestión del mundo. Es decir, socializar los medios de producción y de vida, poner al alcance del conjunto de la sociedad las decisiones sobre qué hacer y cómo hacerlo, qué tecnologías usar y cómo, cuáles desarrollar y cuáles no. Arrancar los grandes avances de la técnica de la lógica de ganancias, lucro y acumulación de capital. Arrancar a los burgueses el gobierno sobre el plantea y sobre nuestras vidas.

Cualquier otro planteamiento “ecológico” que no tenga esta perspectiva anticapitalista solo comprenderá superficialmente el problema y, además, carecería de estrategia realista para sentar las bases de una solución de fondo al asunto.

 

VIII. ¡UNA JUVENTUD INSUBORDINADA Y EN PIE DE GUERRA CONTRA EL CAPITALISMO Y SUS GOBIERNOS!

 

¡Paso a una agrupación juvenil verdaderamente rebelde y revolucionaria, a la altura de los desafíos de nuestra época!

Quienes impulsamos la agrupación juvenil anticapitalista BARRICADA, apostamos al desarrollo de una militancia juvenil verdaderamente rebelde y revolucionaria, antisistema, que no tenga nada que obedecerle, justificarle ni deberle a ninguna de las instituciones del sistema capitalista, a ninguno de los poderes de la sociedad burguesa, que no comulgue con ningún proyecto burgués ni se subordine al Estado.

Estamos conscientes del hecho que la mayoría de la juventud con sensibilidad de izquierda en nuestro país se ubica aún bajo las banderas del nacionalismo burgués, sin embargo, la cada vez más convulsionada situación mundial y las propias condiciones del capitalismo nacional que anuncian mayores procesos de lucha de clases, marcan escenarios donde será más claro para franjas de los y las estudiantes y la juventud trabajadora, de qué lado de la barricada de la lucha de clases se ubica el gobierno. Además, también hay sectores de jóvenes que habiendo depositado sus expectativas en el chavismo vienen haciendo una experiencia crítica con el mismo, a la luz de cualquier cantidad de “errores”, “inconsecuencias”, “fallas”, “taras”, etc., que no hacen sino mostrar el verdadero contenido de un gobierno que hace demagogia con un discurso pseudo revolucionario, pero en realidad no hace sino gestionar este sistema de explotación e injusticias. Y hay compañeros y compañeros que nunca se convencieron del todo de entrar al proyecto del gobierno, pero a falta de una alternativa de izquierda revolucionaria se han mantenido al margen de la militancia política, si encontrar donde desarrollar cabalmente sus aspiraciones de justicia social y de lucha contra el sistema.

Con estos compañeros y compañeras nos proponemos coincidir en el impulso de una militancia juvenil ligada a los intereses y luchas de los trabajadores y el conjunto del pueblo pobre. Las organizaciones juveniles subordinadas al gobierno, aunque se autodenominen “rebeldes” y “anticapitalistas”, son incapaces de tener una política que se corresponda mínimamente con el discurso, pues en lugar de rebeldes son subordinadas del proyecto nacionalista burgués y del “Estado fuerte” que este necesita, en lugar de combatir al sistema, al poder económico y político burgués, son entusiastas de las políticas del Estado burgués e incluso apoyan, por esta vía, a sectores de las clases explotadoras (empresarios, terratenientes) que comulgan  con el proyecto chavista y reciben de este importante respaldo.

Una juventud rebelde y revolucionaria debería estar organizándose para combatir en los liceos, las universidades, los lugares de trabajo y en las calles todas las injusticas del sistema y a todos sus responsables, es decir, tanto a los capitalistas como a los políticos burgueses y gobiernos que administran el sistema. Una juventud rebelde tendría que estar en las calles enfrentando a los gobiernos que llenan los barrios y las calles de policías y militares, que criminalizan la pobreza y lanzan los cuerpos represivos contra los sectores populares en nombre de la “seguridad ciudadana”. Este gobierno quiere a la juventud (supuestamente) “rebelde” apoyando los proyectos reaccionarios de “humanización” y “reforma” de los cuerpos represivos y respaldando los “dispositivos bicentenarios de seguridad”.

Nos proponemos impulsar una juventud que lejos de apoyar a un gobierno que quiere controlar, disciplinar y criminalizar las luchas obreras, campesinas, indígenas y populares, ligue sus fuerzas a las de la lucha de los sectores explotados. Una corriente juvenil que denuncie la criminalización de la protesta por parte del poder burgués y del gobierno, que batalle contra la explotación capitalista de conjunto, tanto contra los empresarios como contra el Estado, tanto contra los empresarios y terratenientes de oposición como contra los empresarios y terratenientes chavistas.

Una juventud rebelde y realmente internacionalista tiene que estar solidariamente con los procesos de luchas de las masas explotadas y oprimidas del mundo, cosa que no puede hacer consecuentemente ni la juventud ligada a la oposición –que convalida la opresión e intervenciones imperialistas-, ni la juventud que se subordine al gobierno nacional, pues este es solidario y cómplice con cualquier cantidad de gobiernos burgueses y regímenes dictatoriales que oprimen a las masas trabajadoras y pobres. En Irán, en Siria, en Rusia, en China, por ejemplo, los procesos de lucha en curso y los que vengan, ubican y ubicarán a la juventud chavista del lado contrario de la barricada de la juventud y el pueblo en lucha en esos países, pues los ubicará del lado de los gobiernos y regímenes que los explotan y oprimen. Y sin ir tan lejos, en la propia América Latina, ante gobiernos aliados de Chávez como el kirchnerismo en Argentina o el de Evo Morales en Bolivia, la juventud asimilada al gobierno nacional no podría ser nada rebelde contra el poder burgués argentino ni boliviano, pues mientras la juventud, los trabajadores y el pueblo pobre desarrollen luchas contra estos gobiernos, la juventud chavista estará solidaria con los gobiernos y no con los pueblos en lucha, como en Bolivia, donde el gobierno burgués “plurinacional” de Evo Morales enfrentó con represión las movilizaciones indígenas contra la construcción inconsulta en su territorio de proyectos “modernizadores” en asociación con transnacionales, y enfrenta con coacción y represión los reclamos obreros por mejores salarios, condiciones de trabajo y de jubilación.

Hoy el capitalismo atraviesa una gran crisis histórica, comienzan a desarrollarse grandes movilizaciones obreras y populares en distintas partes del mundo, incluso levantamientos y procesos revolucionarios profundos como el de Egipto, y lo que se avecina en el futuro son mayores combates de clase, grandes enfrentamientos entre los explotadores, sus gobiernos y las masas trabajadoras y los pueblos pobres. Nuestro país no escapará a esas convulsiones. Los políticos burgueses en Venezuela intentan vendernos como las únicas opciones, un régimen de mayores libertades de acción para los capitalistas nacionales y extranjeros –como el que pregona la oposición– o uno con capitalistas pero con un Estado fuerte, una fortaleza del Estado que de paso cae siempre con más peso sobre nuestras propias organizaciones y luchas. Estas son opciones realmente miserables. Pero los supuestos “revolucionarios” del gobierno pretenden convencer a las clases explotadas y pobres de que esta realidad que tenemos bajo el chavismo es lo único “posible” o “realista”, que no se puede aspirar más que a eso… y eso no es más que la miseria de “lo posible”.

Desde BARRICADA! –juventud revolucionaria anticapitalista–, sostenemos que la única perspectiva verdaderamente realista es comprender que las connotaciones históricas de la crisis del capitalismo actualizan dramáticamente las premisas para la revolución anticapitalista, pero que eso no implica necesariamente que ésta se resuelva a favor de los trabajadores y lo pueblos, sino que hace falta una clara perspectiva revolucionaria y una estrategia para vencer. Y en nuestro caso concreto en Venezuela, una estrategia de los explotados para vencer, para poner al poder burgués de rodillas, implica no subordinarse a proyectos, liderazgos y gobiernos que –aun con dosis de “justicia social”– se proponen mantener este orden social. En estas fechas de cambios importantes en la dinámica política y de luchas sociales en el país, tiempos también de posibles contiendas electorales entre partidos del orden, ver la realidad de frente implica comprender que la única salida de fondo para que esta crisis histórica no signifique mayores catástrofes y penurias para los explotados y pobres es luchar por lo que nos pretenden hacer aparecer como lo “imposible”: la revolución obrera y socialista, para poner el mundo en nuestras manos y construir una nueva sociedad.

 

Mayo de 2013

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Acerca de Barricada Juventud Revolucionaria

Una organización juvenil revolucionaria, de estudiantes y estudiantes/trabajadores, por ahora fundamentalmente de la UCV, de diversas carreras (Historia, Sociología, Estudios Políticos, etc.) donde confluimos compañeros que militan en la LTS (Liga de Trabajadores por el Socialismo) e independientes, que coincide en el objetivo estratégico de acabar con esta sociedad de clases, de destruir al Estado de los patrones y conquistar un orden social sin explotados ni explotadores. Quienes impulsamos esta agrupación apostamos al desarrollo de una militancia juvenil verdaderamente rebelde y revolucionaria, anti sistema, que no tenga nada que obedecerle ni deberle a ninguna institución del sistema capitalista, a ninguno de los poderes de la sociedad burguesa, que no comulgue con ningún proyecto burgués ni se subordine al Estado.
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